Historia y Mito

En el artículo del blog titulado Reflexiones en torno a la plaga he expresado mis inquietudes en relación al triste episodio de la epidemia Covid-19. Seguidamente, me centraré en la motivación que me indujo a elaborar esta sección. Como decía en el blog, cuando a mediados de marzo me vi confinado en el domicilio, sin poder salir ni ejercer mis actividades cotidianas, me propuse ocupar el tiempo de la manera más productiva posible. Y ante la evidencia de que algunos países estaban reaccionando de una forma equivocada en relación a dicho asunto (con reproches, con indiferencia, o con sarcasmo, más que con colaboración y soluciones), me planteé un interrogante: ¿por qué los seres humanos somos tan insensibles ante el dolor ajeno? No me refiero al dolor de nuestros allegados, o de nuestros amigos, o aun al de nuestros conciudadanos; sino al dolor de los habitantes de otras partes del mundo. ¿Por qué, ante situaciones literalmente dramáticas que se despliegan ante nuestros ojos, día tras día, no sólo no aportamos soluciones, sino que –más bien- despachamos el asunto con indiferencia o –aún peor- con comentarios despectivos (a veces rayanos en el racismo)? 

Una de las vivencias que me han dejado más huella ha sido la constatación, tras conocer a personas de distintas razas o culturas, de que todos nos esforzamos por ser hospitalarios, corteses, y acogedores, mostrando al “otro” (al extraño) lo mejor de nosotros mismos y de nuestras costumbres y tradiciones. Pero aún más allá, es fácil darse cuenta de que compartimos numerosos “marcadores culturales” (como pueden ser los mitos o el folklore) , y hasta una determinada forma de ver el mundo. Ello me llevó a pensar, hace mucho tiempo, que tal vez los distintos pueblos habían de tener una fuente común de valores y conocimientos; lo que no dejaba de ser una especulación… Hasta hace bien poco. 

Como decía más arriba, mi inquietud por hacer algo “productivo” durante el confinamiento me llevó a interrogarme si cruzando determinados “mitemas” (motivos míticos) de diferentes culturas, podría realizar una tabla que confirmara la sospecha arriba expuesta: que todas las culturas del mundo comparten unas bases conceptuales comunes. Así que me puse manos a la obra, y vaciando de mitos y símbolos las principales enciclopedias y tratados al uso (incluidos en la bibliografía anexa de cada “mitema”), realicé dicha tabla, que expongo a continuación.

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Tabla de los mitos universales.

Como es lógico, he seleccionado un pool de mitos que cumplen unas características esenciales: 1) Son realmente universales; 2) son primigenios; 3) son lo suficientemente "bizarros" para no ser confundidos con mitos "naturales", que tienen una relación asociativa evidente con el signo o el símbolo que los caracteriza. Finalmente obtuve un total de diecinueve, que -me atrevo a afirmar- constituyen el "código genético" (en el sentido de "origen", "fuente") de la Tradición Universal. En palabras de Diego Méndez (mi colaborador): "Es un libro muy potente. Cambiará el mundo. Para entender al ser humano en profundidad, es necesario conocer la cosmovisión particular de cada cultura que ha existido en el planeta, y descubrir que existe una sola cosmovisión que es común a todas ellas… Hay centenares o miles de trabajos de mitología comparada, pero como éste hay muy pocos o ninguno. Aquí se despliega un mapa mundial, que toca lo más profundo de la mente humana, nuestras creencias originales, la concepción de lo sagrado en sus orígenes".

¿Qué hay más "primigenio" que eso?

Continúa en El trabajo preparatorio.

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