Creación del ser humano

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Temas principales: 

Creación del ser humano con arcilla o barro, y aliento de vida (mito de Adán): (1-1), (2-1), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-1), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2), (5-2), (5-3), (5-4). 

Los ciclos cósmicos: (1-1), (1-4), (2-1), (2-2), (4-1), (5-1), (5-2), (5-3), (5-4). 

Creación del cónyuge de la costilla del otro (mito de Adán y Eva): (2-1), (2-5), (2-6), (3-2), (3-3), (5-2).  

Tierra o arcilla roja: (2-1), (2-6), (3-2), (3-3), (4-2). 

Análisis: 

En este mito los temas principales son: 1) La creación de los primeros humanos (con barro o arcilla, o bien con otros materiales); 2) el aliento de vida que el dios da a sus criaturas; 3) la creación del cónyuge (hombre o mujer) a partir de la substancia del primer ser humano (que en puridad habría de ser andrógino); 4) el establecimiento de las distintas razas o clases sociales en función del color o la calidad de la materia prima original; y 5) las justificaciones –variadas- para establecer la “culpabilidad de la mujer” (su pecado originario), que explicaría el paso de una sociedad matriarcal (con dominio femenino) a patriarcal (con dominio masculino). Al final dedicamos unas líneas a hablar de los “ciclos cósmicos”, tema estrechamente relacionado con éste. 

La creación del ser humano con barro o con arcilla roja es uno de los mitos más comunes. El modelo mítico (o mitema) que sigo es el más conocido en Occidente: el de Adán y Eva. Si nos referimos a la etimología de Adán, este término deriva del hebreo adam (hombre), que es análogo a adem (o adom, rojo), y a adama (tierra, suelo). Según el Diccionario Ilustrado de la Biblia, de Wilton M. Nelson (Editorial Caribe, 1975), este vocablo aparece más de 560 veces en el Antiguo Testamento, y significa casi siempre “hombre” o “ser humano”; en ocasiones es el nombre propio del primer hombre según la Biblia, Adán, aunque en algunos pasajes ambas acepciones (Adán u “hombre”) se confunden. Por lo que se refiere a Eva, su etimología es difícil de establecer, pues podría derivar de havvah (vida), de havvah (pasión, corrupción), o de ava (pecado) (G, 337). Sea como sea, en hebreo Eva se pronuncia “java” (escrito havva), lo que sin duda hace pensar en una región geográfica (la isla de Java) de la que tendré ocasión de hablar en otro lugar.  

La etimología de los términos Adán y Eva se ajusta a lo que relata el Génesis: Adán fue formado a imagen de Dios en el Jardín del Edén, a partir del polvo de la tierra, y el Creador le dio vida con su soplo (le fue dado el “aliento de vida”). Se le dio dominio sobre todas las cosas en el Edén, pero viéndolo solo, Dios le hizo dormir, y creó con su costilla a la primera mujer (Eva). En Edén ambos tenían todo cuanto podían desear, y no pasaban hambre, sed, ni enfermedades. Allí había árboles de todas clases; entre ellos, el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Ni Adán ni Eva conocían el mal, puesto que en su mundo todo era bueno. Sin embargo, Dios les prohibió que probaran los frutos del Árbol del Conocimiento, porque en ese caso morirían. Un día Adán y Eva, desoyendo esta prohibición, comieron de él, y Dios, cumpliendo su promesa, los expulsó del Paraíso. A partir de ese momento “tendrían que ganar el pan con el sudor de su frente”, y las mujeres, dominadas por sus maridos, parirían con dolor. Para garantizar que nunca comerían del Árbol de la Vida (que los haría inmortales), Dios situó en la puerta del Jardín un querubín blandiendo una espada de fuego. 

En este relato están incluidas las principales acepciones de los nombres Adán y Eva. Adán (adam, hombre) es creado con tierra (adama) roja (adom); Eva, que a partir de la expulsión del Edén ha de parir a sus hijos con dolor (havvah, vida) incita al hombre al pecado (ava, pecado; o hawah, pasión, corrupción). Así pues, ya está todo dicho; unas cuantas etimologías nos bastan para explicar una historia, tan compleja como apasionante: el género humano es creado con tierra del suelo, o con arcilla roja, y después Dios le insufla vida; pues sin el “aliento de vida” los primeros humanos serían unos monigotes exánimes. Lo más intrigante es cómo (de qué manera) una historia tan rocambolesca, y tan específica, la podemos encontrar en todo el mundo: en la mitología de Grecia, del Próximo Oriente (como hemos visto), de China, de Siberia, del Sudeste de Asia, de Australia, de Oceanía, de Egipto, del África Subsahariana, y de toda América.  

Podemos hallar variantes en otros lugares; y existen casos en los que los primeros humanos son formados con otras materias (con piedra o con madera), pero igualmente les es insuflado el “espíritu de vida” por el dios competente. Nótese asimismo un detalle importante: no en todos los contextos donde se desarrolla el modelo clásico de creación del género humano (con arcilla, y con aliento de vida) se especifica que la tierra, o el barro, o la arcilla es roja; pues ha de tenerse en cuenta que la arcilla puede ser también gris o anaranjada. Sólo en Próximo Oriente (pues la acepción “rojo” está implícita en Adán), en Siberia, y en Oceanía se especifica que la arcilla tiene color rojo (en África Central sólo los pigmeos fueron hechos con arcilla roja; para los blancos y los negros se empleó arcilla blanca y negra, respectivamente). Éste es un marcador diferencial que se repite en otro mitema específico de la creación del género humano: la creación del cónyuge con la costilla de primer ser humano. 

Hablo de “cónyuge”, y no del “primer hombre” (Adán) y de su mujer (Eva), porque no en todos los casos el hombre va primero y la mujer después (como veremos). Si el mitema “creación del género humano con arcilla y aliento de vida”, y aún más si esta arcilla es específicamente roja, es notoriamente específico, lo es más el segundo mitema que hemos de considerar: “el cónyuge es creado con la costilla del primer ser creado”. Ya he presentado el mito hebreo, así que a continuación narraré el relato polinesio, tal como es explicado por el genetista y experto en mitología austronésica Stephen Oppenheimer: “[Según la tradición de Tahití, Ta’aroa] creó el hombre con tierra roja, que fue asimismo su comida hasta que fue creado el fruto del pan. Algunos dicen que un día Ta’aroa llamó al hombre por su nombre y cuando él vino lo hizo dormir. Cuando dormía, el creador sacó uno de sus huesos [ivi] y con él hizo una mujer, a quien dio como su esposa, y ambos se convirtieron en progenitores de la Humanidad” (N, 368). James Frazer, en su obra Folk-lore in the Old Testament (citada por Stephen Oppenheimer), escribe lo siguiente: “Los nativos de Fakaofo o Bowditch Island [cerca de Samoa, en Polinesia Central] dicen que el primer hombre fue creado con una piedra. Después de un tiempo [el Creador] pensó en hacer una mujer para él. Así que recogió tierra y moldeó la figura de una mujer, y habiendo hecho esto cogió una costilla de su lado izquierdo [del hombre] y la lanzó en la figura de tierra, con lo que la mujer empezó a vivir. Él la llamó Ivi [Eevee], o ‘costilla’, y la tomó como esposa, y toda la especie humana surgió de esta pareja” (N, 369). Y este mismo autor añade: “Los Maoríes afirman asimismo creer que la primera mujer fue realizada a partir de la costilla del primer hombre (Hevee). Esta amplia difusión de la historia en Polinesia levanta la duda de si es realmente, como Ellis piensa [véase abajo], una repetición de la narrativa bíblica aprendida de los europeos” (N, 369). Sir James Frazer hace referencia a William Ellis, que en su libro Polynesian Researches escribe: “Aquél siempre me pareció un mero recital del relato de la creación de Moisés, quienes ellos [los polinésicos], habían oído de algunos europeos; es por ello que yo nunca he confiado en él [en su originalidad y verosimilitud], aunque ellos [los polinesios] me han dicho repetidamente que se trataba de una tradición antes de que llegara ningún extranjero. No obstante lo dicho por los nativos, estoy dispuesto a creer que Ivi, o Eve, es la única parte original de la historia por lo que se refiere a la madre de la especie humana” (N, 368).  

Stephen Oppenheimer, una autoridad en la tradición austronésica (del Sudeste de Asia, Melanesia y Polinesia), tras reiterar que ivi es la forma estándar, o regular, de la palabra “hueso” en distintas lenguas polinesias, afirma sin ambages que la posición de William Ellis, así como la de todos aquellos eruditos occidentales que piensan que el mito de la creación polinesio es una mera copia del modelo bíblico, es como la de aquellos que acusan a la víctima de mentir o de difamar cuando ésta denuncia a su maltratador; o, como en este caso (las sociedades de la Polinesia), defienden su propio patrimonio cultural del acoso de los extranjeros. A este respecto, Stephen Oppenheimer escribe: “Para un pueblo religioso compartir el tesoro de su cultura maltratada con un sacerdote de los invasores y no ser creído, sino más bien despreciado, podría ser visto como un insulto similar [al anteriormente mencionado]” (N, 368).  

La opinión de William Ellis, que rechaza tan taxativamente el citado Stephen Oppenheimer, es la dominante hoy día en la ortodoxia academicista. Por ejemplo, Donna Rosenber, en su magnífica obra World Mythology, escribe lo siguiente por lo que se refiere al Génesis polinesio: “Los primeros misioneros llegaron [a Polinesia] en 1820, y ellos ejercieron un profundo efecto sobre los nativos hawaianos y sobre su mitología. Bajo su dirección, los jefes hawaianos se apartaron de su religión nativa y adoptaron el Cristianismo. El mito polinesio de la Creación desapareció de su cultura y fue reemplazado por uno que es consistente con el relato de la Biblia” (B, 395). Stephen Oppenheimer se niega a aceptar que los nativos mientan cuando afirman que el mito clásico de la creación de la mujer por medio de una costilla forma parte de su stock particular de tradiciones y creencias. Así, escribe: “Los informantes de la Polinesia insistían [a los compiladores de mitos occidentales] en la antigüedad de las historias relativas a la primera mujer, que vino del hueso extraído del costado del primer hombre, [y] fue llamada Eevee/Ivi (la palabra ‘hueso’ en muchas lenguas polinesias). Aun así, muchos etnógrafos cristianos asumieron como cierto un origen proveniente de los misioneros, antes que aceptar la posibilidad de un origen más antiguo” (N, 359). 

El citado investigador concluye con la siguiente reflexión: “La aserción común de que las similitudes entre las historias del Génesis y los mitos de origen indígena son debidas a la influencia de los misioneros, supone acreditar que esos hombres competentes [los misioneros] han generado por sí solos dos tercios del stock del folklore del mundo, incluyendo –incidentalmente- algunos comportamientos sexuales aberrantes. Este punto de vista no es sólo poco riguroso y etnocéntrico, sino que además requiere de la misma obligación de prueba que cualquier otro modelo de difusión [cultural]” (N, 369).  

No únicamente la insistencia de los indígenas de toda Oceanía (no sólo de la Polinesia) en que este relato es original y muy antiguo, o la coincidencia más que notable de su “Ivi” (en alusión a la “costilla”), hace creíble la posibilidad de que ambas sociedades (la occidental y la polinésica) compartan este mismo mito sin que la primera haya “contaminado” a la segunda. Ya hemos visto (más arriba), que es precisamente en el entorno en que hallamos el mitema “creación del cónyuge a partir de la costilla del otro” donde podemos encontrar aún otra coincidencia notable: “la arcilla con la que se crea el primer humano tiene color rojo”. Recordemos que ello sólo sucede en Próximo Oriente, Siberia y Oceanía; los nativos de Norteamérica no comparten este último “marcador”, aunque el nombre con el que son conocidos (“pieles rojas”) debería hacernos reflexionar. Pues bien, es precisamente en Próximo Oriente (más concretamente, en Israel), en Siberia, en el Sudeste de Asia, en Oceanía y en Norteamérica donde el mito de la costilla está implantado. ¿Sólo casualidad? Hay otra cuestión a tener en cuenta. En Melanesia el acto de creación del hombre y de la mujer se invierte: “El dios Hasibwari crea la primera mujer con arcilla, y al primer hombre con una de las costillas de esta mujer”. ¿Cabe atribuir a los misioneros dicha inconsistencia? (En el mito troncal se dice que el hombre es creado con arcilla y la mujer con una costilla del hombre; en el mito melanesio sucede al revés: la mujer es creada con arcilla, y el hombre con una costilla de ésta.) Y ya hemos visto que entre los nativos de Samoa se dice que el primer humano nació a partir de una piedra (al igual que sucede en el mito griego de Deucalión y Pirra). Es decir, hallamos dos variaciones de un mismo mito, lo que ya de por sí desmiente que los polinesios y los melanesios hayan realizado un “cortar y pegar” del mito bíblico (o griego) en su propia tradición cultural. 

Continúa en... Libro de próxima publicación.

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