Androginia-Hermafroditismo

Bibliografía: 

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Temas principales: 

La androginia: (1-1), (1-2), (1-4), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-1), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2), (5-1), (5-2), (5-3) (5-4). 

Análisis:

Si hay mitos aparentemente “bizarros” éste es uno de ellos. Y sin embargo, es una constante universal. En general, está asociado a las culturas matriarcales y lunares: no en vano en su origen la Diosa Madre era bisexual: Rhea constituía el dios andrógino Agditis. Tanto en la mitología egipcia (Hathor-Sekhmet) como en la griega (Rhea-Agditis), la Diosa encarnaba un doble papel: diosa del amor y de la guerra (nótese el célebre pasaje de la manzana de la discordia del mito griego). Y no olvidemos que los sacerdotes del culto frigio de Cibeles se castraban, en su iniciación, en honor a esta diosa; desde ese momento sólo vestían ropas femeninas. No hay duda de que este símbolo es extremadamente primitivo, ya que hunde sus raíces en la prehistoria: en Somerset (Inglaterra) se ha encontrado una figurita de madera con pechos y pene. Tenemos otros ejemplos de deidades andróginas ancestrales en los Nommo adorados por la tribu Dogon de Mali. Éstos son descritos como anfibios, hermafroditas, y parecidos a peces (lo que nos recuerda sobremanera a los Annedotus sumerios, al estilo de Oanes; véase a este respecto el apartado sobre el Héroe Civilizador). Ometeotl (dios creador de México) es macho y hembra; como lo es Afrodita (a veces se la representa con barba), o el Atum egipcio (llamado “el gran Él-Ella”). El Brahma hindú es hermafrodita (al menos así aparece en numerosos pasajes de los Puranas). 

Para Jean Chevalier y Alain Gheerbrant (Diccionario de los símbolos) el andrógino es una fórmula arcaica de la coexistencia de todos los atributos en la unidad divina, así como en el hombre perfecto. Citando a Mircea Eliade, ven en este símbolo la expresión de la “coexistencia de los contrarios, de los principios cosmológicos (macho y hembra) en el seno de la divinidad”. A este respecto, Mircea Eliade afirma: “Todo lo que es por excelencia debe ser total, comportando la coincidentia oppositorum en todos los niveles y en todos los contextos. Esto se verifica tanto en la androginia de los dioses como en los ritos de androginización simbólica, e igualmente en las cosmogonías que explican el mundo a partir de un huevo cosmogónico o de una totalidad primordial en forma de esfera…”. En un plano mitológico, la coincidentia opositorum se concrteta en la unión del dios con su paredra; por poner un ejemplo, en el ámbito hindú, en la unión del dios con su Shakti, su lado femenino(Shiva con Parvati o Vishnú con Lakshmi), figurada como divinidad femenina, encarnando aquí, como en China (Yin-Yang), la dualidad Luz-Oscuridad, y expresando los aspectos complementarios de la realidad. Tal concepción del dios andrógino originario podría explicar –de forma simbólica- que extraiga de Sí mismo su propia existencia, y que toda existencia emane de Él. Es el caso del Atum egipcio: “el que es completo”, o “el gran Él-Ella”. O del desdoblamiento entre el macho y hembra desde el hombre originario mencionado en el Génesis bíblico: que Eva sea sacada de una costilla de Adán significa que todo el género humano estaba indiferenciado en el origen. En Génesis 2, 24 se hace alusión al carácter complementario de lo masculino y lo femenino, hasta el punto de conformar una materia común: “Por lo tanto abandonará el varón a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne”. De una manera muy general, el Ser primordial se manifiesta como un andrógino anteriormente a su separación en dos mitades: macho y hembra, Cielo y Tierra, Yin y Yang. Por lo que se refiere al símbolo chino del Yin-Yang, representa la unión de los dos principios: masculino y femenino, celestial y terrenal, luminoso y oscuro (véase más abajo). 

Platón recuerda el mito del andrógino en El Banquete (189 c): “… En aquel tiempo el andrógino era un género distinto, como forma y como nombre, partícipe de ambos sexos, macho y hembra, mientras que ahora no queda sino el nombre y aun sumido en el oprobio. En segundo lugar, la forma de cada individuo era en su totalidad redonda, su espalda y sus pechos dispuestos en círculo; con cuatro brazos y piernas en número igual al de los brazos, dos rostros sobre un cuello circular, semejantes en todo; y sobre estos dos rostros, que estaban colocados en sentidos opuestos, una sola cabeza; además cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo el resto a tenor y por semejanza con lo dicho. Caminaba recto, como ahora, y en cualquiera de las dos direcciones; pero si le daba alguna vez por correr a toda prisa, podían los hombres … apoyándose sobre los ocho miembros que tenían, moverse velozmente haciendo la rueda”.

La otra expresión del andrógino es el “hermafrodita”. Éste es el hijo bisexuado de Hermes y de Afrodita, con cabellos largos y senos de mujer. La ninfa Salmacis se enamoró de él, lo abrazó con ardor y rogó a los dioses que fundiesen sus dos cuerpos en uno. Y cuentan que a petición expresa de Hermafrodita, los hombres que se bañasen en aquella fuente perderían su virilidad. El griego Hipócrates pretendió explicar la androginia de las tribus escitas aludiendo a los efectos que sus apretados pantalones y su uso del caballo tenían sobre su fertilidad y su potencia sexual. Por otro lado, los "adivinos" y chamanes actuaban o vestían como andróginos o travestidos. (Nótese que entre los sármatas se produce el fenómeno contrario: las amazonas eran mujeres que luchaban como hombres.)

De acuerdo, de nuevo, con Chevalier y Gheerbrant, la androginia aparece también como un signo de totalidad; restaura no solo el estado del hombre original considerado como perfecto, sino también el Caos primitivo anterior la separación creadora (lo que en términos alquímicos recibe el nombre de “reincrudación”). La reintegración de los complementarios, aboliendo todo antagonismo, es pues un retorno al estado primordial, trátese del Caos primitivo (el primer Adán), o incluso de la unión de lo Celestial y lo Terrenal. Pero este retorno, más que una regresión (una vuelta al pasado), es un progreso en la conciencia de la unidad. El Evangelio de Tomás (# 22) dice a este respecto: “Cuando seais capaces.. de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de modo que el macho deje de ser macho y la hembra hembra, entonces podréis entrar en el Reino”. 

Esta “integración” en la unidad de la dualidad macho-hembra pasó a constituir una ceremonia muy practicada en el entorno del Próximo Oriente: la “cópula sagrada” entre la Diosa y su consorte; en una forma más eufónica, la “hierogamia sagrada” (del griego hieros gamos, “matrimonio sagrado”). Tal rito pretendía fundamentar, desde un punto de vista teológico, las ideas –abstractas- del “hermafroditismo” y de la “androginia universal”, que los alquimistas llamaron coniuctio: “armonía entre opuestos”, representados por el Sol (el azufre) y la Luna (el mercurio). Por lo que se refiere al Cabalismo hebraico, una de sus obras fundamentales, El Zohar (III-tb), afirma lo siguiente: “Se llama Uno a la unión del Macho y de la Hembra; y sólo cuando la Hembra está unida al Macho puede emplearse esta palabra: Uno”. Es decir, los cabalistas hebreos interpretaban la Divinidad como un Ser único (y compuesto) que es a la vez macho y hembra. Desde este punto de vista, la Shekiná (véase más abajo) es el “aspecto femenino de Dios”, y como en el gnosticismo, entre ésta y Adam Cadmón (el Hombre Prototípico, una de las expresiones del Dios-Demiurgo) se produce una “hierogamia divina”, es decir, una “unión sagrada de las potencias masculinas y femeninas”. Entre algunas sectas gnósticas se practicaban “nupcias espirituales” (o hierogamias), con auténticas orgías disfrazadas de “ritos simbólicos”, representativos de la unión de los aspectos masculinos y femeninos de la Creación.

En el tratado XII del Corpus Hermeticum (sobre el intelecto común) se dice: “Por eso, hijo mío, siempre he oído decir al Buen Genio que todo es uno...” ¿Qué quiere decir Hermes Trismegisto (que se dirige a Tat) con ello? Que todo lo que existe ha surgido de la Unidad: “Nada existe sin principio y, en cuanto al principio mismo, no ha salido de nada sino de sí mismo, porque él es, efectivamente, principio de todo lo demás” (tratado IV). Asimismo, el Uno, la Mónada, “al ser principio y raíz de todas las cosas, existe en todas las cosas en tanto que raíz y principio”. Sin embargo, esta unidad es asimismo una “díada”: “Si todos los seres se encuentran supeditados al Uno y derivan del Uno, aunque vistos por separado parezca que su número es infinito, al considerarlos en su conjunto se ve que constituyen una unidad, o mejor, una díada, de quien todo procede y por quien todo es producido” (Asclepios). ¿Y qué entendemos por la Díada? El Asclepios nos lo aclara; es la “androginia” fundamental: “¡Oh Trismegisto! ¿Quieres decir que Dios contiene en sí los dos sexos? Sí, Asclepios, y no sólo Dios, sino también todos los seres animados e inanimados” Esta visión de la “unidad divina del todo” es lo que los estudiosos llaman “panteísmo”, que el tratado V del Corpus Hermeticum define así: “Nada existe que no sea él [Dios], pues todo cuanto es, eso es él”. Dios, el Uno, o el Todo, adquiere el carácter de Pleroma, que es a la vez macho y hembra: “El pleroma de todos los seres es uno, y está en el Uno, y no es que el Uno se desdoble, sino que juntos constituyen la misma unidad” (tratado XVI). De acuerdo con los herméticos, ese Todo es el fundamento de la materia, que se renueva a través de la muerte, dando lugar a nuevas formas de existencia. Ésta es la base de la alquimia, la cual opera, asimismo, a partir de una dualidad fundamental: lo húmedo (el mercurio) y lo seco (el azufre).

Continúa en... Libro de próxima publicación.

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