Elixir de la vida

Bibliografía: 

A: James George Frazer. La rama dorada. Fondo de Cultura Económica, 2019. B: Donna Rosenberg. World Mythology. NTC Publishing, 1994. C: Kenneth Mcfeish. Myths and Legends of the World. Bloomsbury, 1998. D: Nadia Julien. Enciclopedia de los mitos. Robin Book, 1997. E: Arthur Cotterell (coordinador). Encyclopedia of World Mythology. Parragon, 1999. F: José Luis Espejo. Los hijos del Edén. Ediciones B, 2010. G: José Luis Espejo. Ecos de la Atlántida. Editorial Base, 2018. H: Patricia Ann Lynch. African Mythology A to Z. Facts on File, 2004. I: Jeremy Roberts. Japanese Mythology A to Z. Chelsea House, 2010. J: Robert D. Craig. Handbook of Polynesian Mythology. Abc-Clio, 2004. K: Arnott McCulloch (editor). The Mythology of all Races. Uno Holmberg: Volumen III. Fino-Ugrit, Siberian. Cooper Square Publishers, 1964. L: Arnott McCulloch (editor). The Mythology of all Races. Arnott McCulloch; Jan Machal: Volumen III. Celtic, Slavic. Cooper Square Publishers, 1964. M: J.A. Coleman. The Dictionary of Mythology. Arcturus, 2007. N: Stephen Openheimer. Eden in the East. Phoenix, 1998. O: Alessandra F. Caputo Jaffé. Continuidad y cambio en el arte indígena de Venezuela. Tesis doctoral. Universitat Pompeu Fabra, 2013. P: Arthur Cotterell. The Encyclopedia of Mythology (Norse, Greek&Roman, Celtic). Anness, 2001. Q:Uno Holmberg, Ph.D. (Docent Of The University Of Finland, Helsingfors). Finno-Ugric, Siberian. Volume IV. R: Rachel Storm. The Encyclopedia of Eastern Mythology. Anness, 1999. S: David M. Jones; Brian L. Molyneaux. The Mythology of the Americas. Anness, 2001.

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Temas principales: 

Manzanas, nueces, melocotones (fruto de la vida): (1-1), (1-2), (1-4), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2) 

Agua de la vida: (1-2), (1-3), (2-1), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-3), (4-1), (5-3). 

Ambrosía, néctar y similares: (1-1), (2-1), (2-2), (3-3), (4-2).

Análisis:

La relación de la humanidad con las sustancias enteogénicas es larga y tiene variados y múltiples registros en la arqueología; su correspondencia mítica es el llamado “elixir”. Éste tiene, a juzgar por la tradición, tres efectos fundamentales: otorga la longevidad (o juventud), la vida eterna y la sabiduría; en ocasiones, las tres cosas a la vez. Los ejemplos son múltiples. Entre los hindúes la Era Paradisíaca (que coincide con la infancia de la humanidad) recibe variados nombres. En el Manava Dharma Sastra (Leyes de Manu) es llamado Kritayuga. En el Matsya Purana se lo llama Era de Prithu; en él no existía la po­breza, ni la enfermedad, ni el pecado. En el Brahma Vaivart Purana se lo llama Satyayuga. Sus afortunados habitantes vivían 10.000 años, y nadie moría joven. Entre los aztecas su lugar de origen era una isla en mitad del agua, llamada Aztlan; en ella sus habitantes disponían de frutos abundantes, y vivían muchos años. En la mitología griega se nos describe al feliz país de Hiperborea, donde -según Píndaro- las personas vivían hasta mil años. En el Airyana Vaejah persa (su Paraíso) los seres humanos vivían más de trescientos años (y las vacas cuatrocientos). Los primeros patriarcas hebreos, como es bien sabido, vivían centenares de años. Ello puede aludir en realidad a que son considerados epónimos de culturas y naciones (no simples mortales); o bien de sus estirpes o linajes. O bien se debería a la diferente contabilización de los años. Por ejemplo, si consideramos que cada mes (ya sea solar o lunar) es un año, si dividimos 1000 años (la vida media de un patriarca hebreo de las primeras generaciones) entre 12, el resultado es 83, lo que parece más coherente con la esperanza de vida de un ser humano. Diodoro Sículo (en doce volúmenes. Harvard University Press, 1961. Libro I, párrafo 25) es de este parecer. Pero también se ha razonado que esta extraordinaria longevidad bebería de las fuentes que dieron pie a los mitos citados anteriormente (véase más arriba).

La idea del Paraíso perdido es universal, y comparte ciertos elementos esenciales. Karen Armstron, en Breve Historia del mito (Salamandra, 2005. Página 23) escribe lo siguiente: “Casi todas las religiones y mitologías de las sociedades arcaicas están imbuidas de nostalgia por el paraíso perdido”. La citada autora lo retrata como un lugar fabuloso en el cual los humanos estaban en contacto directo con lo divino. Eran inmortales y vivían en armonía entre sí y con la Naturaleza. En medio había un árbol, una montaña o un poste que unía el Cielo y la Tierra, y al que las personas (no sólo los chamanes, como sucede en la actualidad) podían trepar para alcanzar el reino de los dioses. Finalmente hubo una catástrofe (la montaña se derrumbó, o los dioses talaron el árbol; nótese el cuento de Jack y la judía mágica) y se hizo imposible alcanzar el cielo. 

Los relatos acerca del Paraíso suelen abundar en la idea del “elixir de la vida”, que permite conseguir la inmortalidad (o la juventud) y la sabiduría. En un mito persa muy curioso (“Zaratrusta en la corte del rey Vishtasp”) se habla de las distintas propiedades del elixir: Vishtasp, el primer “convertido” de Zaratrusta (o Zoroastro), bebe del “elixir” provisto para él por Ormazd (Ahura Mazda); entonces entra en un trance y ve cosas maravillosas del mundo celestial. Este “elixir” le conferirá asimismo un largo reinado de ciento cincuenta años y un hijo inmortal (Maneckji Nusservanji Dhalla. History of Zoroastrianim. Oxford University Press, 1938). El “elixir” recibe diferentes nombres. Según Homero los dioses olímpicos se alimentan exclusivamente de néctar y ambrosía. Los hindúes hablan de amrita y soma (y los persas de haoma). El romance céltico de Cuchulainn menciona las nueces del Elíseo. La diosa escandinava Idún (juventud) cultiva unas manzanas que rejuvenecen a los dioses, etc. En la mitología griega podemos encontrar otro equivalente del elixir de la vida en el Jardín de las Hespérides. Estas ninfas del Oeste, hijas de Atlas, cuidan el árbol en el que crecen las "manzanas de oro de la inmortalidad", situado en un bello jardín en las faldas del monte Atlas, más allá del río del Océano que rodea el mundo. Hallamos relatos similares en numerosas culturas y tradiciones. 

¿En qué consiste dicho “elixir”? El etnomicólogo R. Gordon Wasson ha identificado el principio activo del soma, la pócima ritual de los textos védicos, con el potente hongo alucinógeno amanita muscaria. De acuerdo con Carlos G. Wagner (Universidad Complutense de Madrid) el haoma del Avesta (libro sagrado de los persas) responde exactamente al soma de los Vedas. La ofrenda del haoma es el centro del ritual mazdeista, del mismo modo que la del soma lo es en el ritual védico. Y al igual que el soma, el haoma es a la vez un dios, una planta sagrada y la bebida mística que de ella se extrae, con virtudes de curación, de fuerza, de longevidad, de prosperidad, de sabiduría y de inmortalidad. En el artículo “Las plantas y los hongos alucinógenos: reflexiones preliminares sobre su rol en la evolución humana” (Rodríguez Arce, José Manuel; Quirce Balma, Carlos Manuel. Reflexiones, vol. 91, núm. 2, 2012, pp. 9-32, Universidad de Costa Rica) se sostiene que las drogas alucinógenas, en combinación con los rituales y los relatos mitológicos, constituyen medios para elevar la conciencia, a través de estados de trance alucinatorio. De esta relación compleja entre droga, ritual y mito los chamanes (o ciertos “iniciados”) entran en contacto con planos superiores de la conciencia. Éste sería un aspecto intrínseco al hecho humano, en todas las edades y en todos los contextos culturales; hasta llegar al día de hoy. 

Así pues, las sustancias psicoactivas podrían categorizarse, desde el punto de vista mítico, como “puentes hacia el mundo de los espíritus”, o bien como “escaleras hasta el Cielo”, que permiten al chamán o al iniciado entrar en contacto con el mundo de los espíritus, o con la “fuente de toda sabiduría”. La ingestión del elixir también permite traspasar el umbral del más allá, donde el alma inmortal alcanza el Paraíso, en el que el tiempo lineal es sustituido por el tiempo mítico (cíclico y eterno). Pero asimismo –véase más abajo- se considera que estas sustancias psicotrópicas pueden ser una especie de “panacea” que alarga la vida u otorga la inmortalidad. El “elixir” es, de este modo, una combinación del “fruto de la vida” y del “fruto del conocimiento” (o de la sabiduría). A este respecto, David M. Jones y Brian L. Molyneaux (S, 234) escriben lo siguiente: “A través del uso de drogas alucinógenas… el chamán puede entrar temporalmente en el mundo de los espíritus… y negociar con ellos en términos de igualdad. Mediante esta ventana puede entender la verdadera naturaleza de las cosas, explicar los hechos pasados y presentes, e incluso adivinar el futuro y sugerir estrategias de acción apropiadas. Él puede librar al poblado de la pestilencia y de la enfermedad, o enviar tales males a los enemigos; o asegurar el éxito en la caza”. 

Continúa en... Libro de próxima publicación.

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