La Montaña Sagrada

Bibliografía: 

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Montaña sagrada: (1-1), (1-2), (1-3), (1-4), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-1), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2), (5-1), (5-2), (5-3), (5-4). 

Pilares del Cielo: (1-1), (1-2), (1-3), (1-4), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2), (5-1), (5-2), (5-3), (5-4). 

Torre de Babel: (2-1), (2-5), (4-2), (5-2). 

Análisis:

Las ideas que se derivan de la montaña son por lo general la altura, la verticalidad y la grandeza. El hombre se empequeñece frente a la montaña, y siente una ancestral impotencia ante lo que lo humilla. Según Mircea Eliade (citado por Juan Eduardo Cirlot): “La cima de la montaña cósmica no sólo es el lugar más alto de la Tierra; es el ombligo de la Tierra, el punto donde dio comienzo la Creación, la raíz”. Es, como el Árbol Cósmico, un enclave de unión entre el Cielo y la Tierra, un Eje del Mundo. Por este motivo en numerosas ocasiones Montaña del Mundo y Árbol Cósmico están ligados. Como hemos dicho en otro lugar -al hablar del Árbol del Mundo- la montaña constituye el primer espacio sagrado. Como tal, era habitada por la divinidad. A este respecto, léase este fragmento del Éxodo: "Moisés subió hacia Dios, y Yahvé lo llamó desde la montaña..." (Éxodo 19, 3). La montaña, que une el Cielo con la Tierra, ha sido asociada por numerosas culturas a la espiritualidad. Suele estar cargada de sacralidad, tal como expresa la Biblia en numerosas ocasiones (es el caso del monte Sinaí). Sobre ella se han construido altares de diversas culturas y religiones. Muchos templos cristianos han sido erigidos sobre montes en cuya cima se habían desarrollado anteriormente cultos de otras confesiones, incluso politeístas (es el caso del Mont Saint Michel, que era usado por los druidas celtas para adorar al Sol). La montaña está unida también a la idea de meditación, elevación espiritual y sacrificio; denota algo inaccesible. En numerosas culturas tiene un vínculo estrecho con el Sol o el Cielo, porque se eleva hasta los límites de su reino. En no menor medida está vinculada a los paraísos y a las islas (el dios egipcio Atum emergió de las aguas primordiales en forma de una colina). La montaña juega un importante papel en los distintos mitos de la Creación, así como en los de los dioses civilizadores (es el caso de la mitología sumeria: el dios Enlil, producto de la "montaña primordial", preservaba las llamadas "tablas del destino").

La montaña es sagrada en virtud de su altura, y de que suele dar cobijo a fenómenos atmosféricos: suele atraer el rayo, las tormentas y las nubes, y se asocia a sus manifestaciones más vistosas, como el rayo y el relámpago. Como consecuencia, es la residencia de los dioses “tonantes”; nótese a este respecto el Olimpo griego y el Asgard nórdico. No es casualidad que los dioses que moran en ella sean los portadores de tales instrumentos divinos. El griego Zeus, Rudra/Shiva en la India, Baal Hadad de Ugarit, Illapa entre los incas, Odín (Wotan) o Thor entre los nórdicos, Taranis entre los celtas, o Guatán en Perú (nótese la homofonía con el Wotan nórdico), son dioses tonantes. Gran número de deidades clásicas -y sus precedentes orientales- tenían sus templos sobre las montañas. En la India las cimas son lugares especialmente idóneos para erigir los santuarios de los dioses. El dios hindú Shiva es llamado Girisa, que significa "Señor de la Montaña". Su morada es el monte Kailasa, en el Himalaya, y tiene santuarios repartidos por todo el subcontinente. Su esposa, Parvati, es denominada "Hija de la Montaña". Observamos casos similares tanto en China, como en Japón, como en otras partes del mundo. Sobre los montes los dioses se revelan a los profetas: es el caso de Moisés en el monte Sinaí (u Horeb), o bien de Mahoma en el monte Hira. Significativamente, el monte Sinaí es conocido como el "Monte de Dios". Por otra parte, los lugares altos constituían el lugar idóneo para la realización de inmolaciones: sobre el monte Moriah (el monte del Templo de Jerusalén), de acuerdo con la tradición, Abraham ofrece a su hijo en sacrificio a Yahvé. Sobre las pirámides los nativos americanos ofrecían sus sacrificios humanos a los dioses. En el credo católico, el culto a la montaña supuso la construcción de santuarios sobre sus cimas, enclaves donde se realizan romerías, pues allí los fieles se sienten más cerca de Dios. En realidad, la costumbre eremítica de erigir altares sobre las montañas no es otra cosa que la continuación del culto pagano a la montaña sagrada. Entre los judíos también existía la misma tradición: no en vano, Jerusalén fue construida sobre un monte sagrado (el monte Sión); Jesús fue crucificado en el monte Calvario (o Gólgota).

Al ser un punto de encuentro entre el Cielo y la Tierra, la montaña reviste el papel de "centro del mundo" o "eje del mundo" (éste es el caso del monte Meru entre los hindúes, del Haraberezaiti entre los iranios, del Tabor de Israel, o del Himingbjör entre los germánicos). Los templos-montaña tipo zigurat mesopotámico, o la pirámide mesoamericana, preservan esta idea. En la iconografía universal es común la asociación de la montaña con el Sol. Tanto el culto a éste, como al Cielo, figuran entre los más primitivos. Al contrario de lo que se piensa, el politeísmo suele ser una fase religiosa avanzada, posterior al culto de un Ser Supremo de carácter solar o uranio-celeste. Éste es la causa primera de todas las cosas, siendo Señor del Cielo y la Tierra. Nunca se lo representa en imágenes, y no tiene ni santuario ni sacerdotes asociados. Suele tener características muy arcaicas (se encuentra por ejemplo entre los pigmeos, los australianos y los fueguinos), y por lo general ha sido arrinconado por cultos más específicos: especialmente, de fertilidad. Hasta tal punto esto es así, que Mircea Eliade habla de un "monoteísmo primordial" que antecede a la posterior elaboración politeísta de un panteón de dioses con cometidos claramente diferenciados. Monoteísmo que, incluso en las culturas más "primitivas", tiene carácter periférico (sólo se acude al dios creador en casos extremos, puesto que éste suele estar al margen de la vida cotidiana de los pueblos). Este tipo de sociedades cazadoras-recolectoras no sólo se distinguen por su creencia en un Ser Supremo creador del mundo. Asimismo comparten una cierta igualdad en el rol de los sexos (o se practica el matriarcado), la inexistencia de propiedad privada, y la ausencia de aristocracia, esclavitud u organización tribal. 

Muy distintos tipos de colinas de construcción artificial podrían simbolizar una "montaña sagrada": es el caso de los túmulos, como el de Midas, en Gordión (con una altura de 53 metros), y el de Aliates, en Bin-Tepe (de 64 metros). (Es notable el hecho de que entre los aztecas el símbolo tepec significa literalmente “colina”.) Y, cómo no, también de las pirámides, de las stupas y de los zigurats. En ocasiones, estos montículos tenían carácter funerario, pero en muchas otras nunca lo tuvieron. Se puede objetar que la forma de la pirámide y del túmulo puede tener una explicación puramente arquitectónica: si se quiere llegar a una gran altura, y mantener al mismo tiempo una cierta estabilidad estructural, ésta es la mejor manera de repartir el peso sobre la base, y hacerla reseñable y perdurable. A este respecto, el término sumerio para designar al zigurat es U-Nir (visible desde muy lejos). Los egipcios consideraban a sus pirámides (en egipcio, mr) como "escaleras del Cielo", tal como menciona uno de los "textos de las pirámides". Una subclase de montaña sagrada es la conocida como "montaña blanca", que asocia a la montaña el simbolismo del color blanco (inteligencia, pureza, etc). Un ejemplo de la relación entre la montaña y el color blanco lo tenemos en el monte Cotopaxi (Ecuador andino), en que cotto es un término quechua que significa "montaña" y paksi es en esa misma lengua "brillante". En Nepal tenemos el monte Dhaulagiri, que significa "montaña blanca" ("blanco" en sánscrito es dhavala, y giri es "montaña" tanto en sánscrito como en nepalí o indio). Nótese que el término giri (montaña) ha sido relacionado con el eslavo gora, de idéntico sentido, e incluso con el vasco gora (altura). La idea de grandeza se manifiesta en China, donde la montaña simboliza el poder y la generosidad del Emperador, por lo que es el cuarto de los doce emblemas imperiales. Su carácter sagrado es claro: ¿qué otra explicación pudo haber tenido el empleo de cantidades ingentes de recursos y de esfuerzo humano en la construcción de este tipo de construcciones?

Existen básicamente tres tipos de "montañas sagradas artificiales": las que contienen cámaras sepulcrales (túmulos, tholos, kurganes y pirámides egipcias), las que se usan como templos-plataformas elevados (zigurats y casi todas las pirámides americanas), y las empleadas para guardar reliquias (stupas, aunque éste es un fenómeno más moderno). Sólo en Egipto -y parece que también en Japón- las pirámides acaban en punta; en el resto de los casos nos encontramos con "pirámides truncadas", y la mayor parte de las veces escalonadas. La pirámide egipcia (escrito mr, y pronunciado mer) sería una evolución de la primitiva mastaba (estructuras rectangulares que cubrían las tumbas de las primeras dinastías). Se atribuye al legendario Imhotep (visir y arquitecto del faraón Zóser) la idea de apilarlas formando escalones. De ahí a la formación de la pirámide completa sólo faltaba un paso, hasta llegar al complejo de pirámides de Giza (o Gizeh). La Biblia, implícitamente, reconoce la función de "escalera del Cielo" que asume el zigurat. Así, en Génesis 11, 4 se dice, al hablar de la Torre de Babel: "Edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cima llegue hasta el Cielo". Las pirámides mayas y aztecas, sin embargo, tienen otro carácter. Más bien son unas plataformas escalonadas sobre las que se asienta el templo. (Aunque no podemos evitar ver en las pirámides amerindias una verdadera escalera hacia el Cielo, puesto que ciertamente tienen escalones.) Su origen también es modesto: en Tlapacoya (hacia el primer milenio antes de Cristo), por ejemplo, se trataba de un chamizo (el templo) elevado sobre un montículo de tierra. El zigurat debe entenderse asimismo como un "lugar alto" (deriva del acadio zaqaru, “lugar alto”). Se trata, como en América, de un "templo escalonado". Ejerce de intermediario entre la Tierra y el Cielo, y de residencia de la divinidad (en la pequeña capilla que según parece lo coronaba). El túmulo, en cambio, era más propiamente un amontonamiento de tierra o piedras sobre un sepulcro. Los más antiguos son los construidos durante el Neolítico (cuando el túmulo es cubierto por piedras es conocido como cairn). En su variedad micénica es denominado tholos, por su carácter circular; en Ucrania es llamado kurgán. La stupa (del sánscrito "torre", o "montaña"), por su parte, es una construcción característica de la arquitectura budista, pero podría derivar de los túmulos funerarios prehistóricos. Su culminación final son las pagodas chinas de varios pisos. Por lo general solían contener reliquias, pero podían ser asimismo monumentos conmemorativos. En Mohenjo Daro (civilización del Indo) se ha encontrado una stupa

Las montañas sagradas naturales se cuentan por decenas. A título de ejemplo, enumeraré las siguientes: 1) Hindúes, budistas y jainistas veneran el monte Meru (Mahameru, Sumeru, o en lengua pali Sineru). Aquí nacen las aguas sagradas del Ganges, y residen los dioses. 2) En el Sudeste Asiático se adora a la montaña. En Indonesia algunos volcanes son considerados "montañas vivientes", y reciben culto como residencia de algunos dioses hindúes: Shiva (Señor de las Montañas) y Brahma (identificado con el fuego subterráneo). El templo más importante del Sudeste de Asia, Borobudur (Java), incluye un montículo natural en su interior y una enorme stupa de piedra. En el conjunto de Angkor (Camboya) abundan las pirámides escalonadas. Según Jean Chevalier, los reyes de Java son “reyes de la montaña”. 3) En Japón existe el culto al monte sagrado Fujiyama ("montaña inmortal"), dispensador del "agua de la vida", escalera hacia el Cielo y centro del mundo. Su cima es considerada el altar supremo del Sol. 4) El monte iraní Hara Berezaiti ("montaña de hierro") tiene un lugar fundamental en la religión zoroástrica. Según la tradición es la primera montaña del mundo. De este monte parten aguas consideradas celestiales. 5) En la tradición judía o samaritana los montes Gerizim y Tabor son especialmente sagrados. El nombre del monte Gerizim es en realidad Tabur ha-arets, que significa "el ombligo de la Tierra" (pues Tabor deriva de tabur, “ombligo”). 6) En Marruecos hallamos el monte Atlas, denominado "pilar del Cielo", siguiendo una tradición que han incorporado muchos pueblos. 7) Montañas sagradas también las hallamos en China: sobre el monte Kun Lun se erigió un santuario. Dicha montaña, de acuerdo con el mito, constituía un pilar del Cielo, aunque también era identificada con una puerta o una escalera celestial. 8) En los pueblos altaicos del Asia central la montaña sagrada aparece representada asimismo como centro del mundo. Sus dioses habitan sobre ella. Entre los mongoles, los buriatos y los calmocos recibe el nombre de Sumbur, Sumur o Sumer, lo que nos permite relacionarla con la mítica Meru o Sumeru hindú. 9) La montaña desempeña un papel fundamental en América: entre los navajos norteamericanos, así como en México, Centroamérica, el Perú, etc. Basta recordar la significación que tienen entre los andinos los achachilas, o espíritus de las montañas sagradas. Éstas son todavía veneradas como un tipo de huaca (lugar sagrado) llamado apu (señor). En concreto, en tiempos antiguos se las consideraban residencias de los dioses. En su honor se realizaban procesiones sagradas, y se les sacrificaban niños (capacochas). 10) Para los Massai, el monte Kilimanjaro es la "Casa de Dios". Los Kikuyu adoran al dios creador Ngai, que según su tradición vive en el monte Kenia y en otros montes circundantes. 11) En la antigua Creta, como en otros lugares de Europa o en las islas Canarias (entre los Guanches, que adoraban al Teide como “pilar del Cielo”), se erigían santuarios o se hacían sacrificios en los montes.

Para la doctrina oficial, de tipo aislacionista (es decir, considera que las distintas civilizaciones del mundo se han desarrollado de forma espontánea y autónoma, sin ninguna aportación del exterior), si existen pirámides en distintas partes es porque ésta es la construcción con mayor estabilidad estructural, la más simple y la más duradera. Con ello se ignora el aspecto simbólico. Sin embargo, desde mi punto de vista aquello que singulariza a la pirámide, como monumento global, no es la mayor o menor pericia en su construcción, o su mayor o menor altura, sino el deseo de rememorar -o de rendir culto- a una montaña “primordial”, o primigenia (es decir, se la adora como lugar de emergencia, o de creación). Éste sería, para mí, el nexo común de las distintas tipologías de pirámides, con independencia de las diferentes culturas que las construyeron.

La “montaña sagrada” (eso es lo que significa el carácter “primordial” del culto de la montaña) es un templo que rememora un tiempo muy remoto. En el estudio de las religiones antiguas, la montaña es un templo cuando se emplea como “lugar alto” donde se celebran ceremonias, o donde se colocan santuarios; y el templo ejerce de “montaña sagrada” cuando se expresa como un túmulo, un zigurat, una estupa o una pirámide. No es casualidad que las palabras “templo” y “tiempo” (tempus en latín) tengan la misma raíz etimológica. La “montaña sagrada” es una manifestación de lo sagrado, tanto en el tiempo (de ahí tempus) como en el espacio (de ahí templum). La rememoración de ese “tiempo pasado” se expresa en el culto a las montañas, encima de las cuales se erigían estelas o altares y se oraba, para estar más cerca de la divinidad del Cielo (“Porque se cumplirá la palabra de Yahvé, que proclamó contra el altar de Bethel, y contra todos los santuarios de los lugares altos que hay en las ciudades de Samaria”; 1 Reyes 13, 32). Durante la era cristiana se han construido ermitas, o santuarios, en lugares donde anteriormente existían templos paganos. No obstante, el recuerdo de un pasado remotísimo también se expresa en el culto a la “montaña artificial”, de construcción humana, la cual rememora la “montaña primordial”, tan ligada a la divinidad. No en vano, en la mitología egipcia, el dios solar (Atum) surge de las aguas primordiales convertido en una colina. Esta “colina primordial” tiene los lados en forma de escalones ascendentes, lo que habría influido en la forma de las pirámides. En este promontorio -se dice- habría aparecido la primera luz. En Mesopotamia existe un mito similar. En la Epopeya de Gilgamesh el monte Mashu (nótese el parecido con el Machu Picchu peruano) guarda a Shamash (el Sol) cuando se eleva y se pone cada día. 

Continúa en... Libro de próxima publicación.

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