Mellizos y gemelos

Bibliografía: 

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Temas principales: 

Mellizos y divinos hermanos: (1-1), (1-2), (1-3), (1-4), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-1), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2), (5-1), (5-2), (5-3), (5-4). 

El conflicto primordial (mito de Caín y Abel): (1-1), (1-2), (1-3), (1-4), (2-1), (2-4), (2-5), (3-2), (3-3), (4-1), (5-1), (5-2), (5-3, (5-4). 

Diferencia de razas: (1-3), (2-1), (2-2), (3-2), (5-2), (5-4). 

Geminis (Dos Hermanos): (1,1), (2-1), (3-1), (3-3), (5-2). 

Análisis: 

La existencia de hermanos –e incluso de “divinos hermanos”- en mitología es un hecho natural, como puede serlo la fertilidad y el desarrollo de los ciclos. Ya no lo es tanto que en los más apartados lugares se repita la imagen arquetípica de dos hermanos que se pelean, o bien el nacimiento de “gemelos”. De acuerdo con Juan Eduardo Cirlot (Diccionario de símbolos), los gemelos permiten simbolizar la “oposición de contrarios”, o bien su “armonización”: “Toda duplicación concierne al binario, a la dualidad, a la contraposición y al equilibrio activo de fuerzas” (Referencia “Doble imagen”). En el primer caso (oposición) hablaríamos del conflicto propiamente dicho; en el segundo (la armonización), de la androginia o del “matrimonio incestuoso” (véase más abajo). Ya hablemos de Luz y Oscuridad, de Bien y Mal, o de Ofuscación y Razón (por no aludir a la sempiterna “lucha entre sexos”, o conflictos de género), la imagen del gemelo (o del hermano divino) es un arquetipo común . Su rivalidad simboliza la eterna lucha de contrarios, mientras que símbolos como el Yin y el Yang (el Tao, el principio cosmológico del Taoismo) o el dragón son, al contrario, un medio para ejemplificar la armonía de opuestos. Por otro lado los gemelos, símbolo primigenio, pueden ser “héroes fundadores” (de ciudades o de Estados, como sucede en Roma), y son asterizados en el Cielo (en la constelación de Géminis). De acuerdo con Jean Chevalier, en su Diccionario de Símbolos, los héroes gemelos de la mitología indoeuropea y de Centro y Sudamérica son benéficos: son curanderos, protegen a los mortales de los peligros, matan a los monstruos o salvan a los navegantes; pero en otros contextos míticos no sucede lo mismo: más bien se da el caso del hermano “bueno” (y luminoso) y del hermano “malo” (u oscuro); ello sucede en Norteamérica (Ioskeha y Tawiscara) o en Asia (Ahura Mazda y Ahriman). En Grecia este papel lo podrían representar Arión y Orión (hijos de Poseidón); el primero gran músico, el segundo gran cazador. Ambos fueron asterizados: uno en la constelación del Delfín, otro en la de Orión. 

En este apartado consideraremos a los gemelos desde diferentes perspectivas: a) divinos hermanos; b) gemelos; c) gemelos sanadores; y d) pelea entre hermanos, con el resultado de que uno de ellos huye o muere; aunque pueden suceder ambas cosas (en el mito de Caín y Abel, el primero huye y el segundo muere). En cambio, no será posible adentrarnos en diversos mitos aledaños con un cierto interés. Éstos son:  

1) El niño abandonado (mito de Moisés abandonado en una canastilla), que se repite en numerosos entornos. Es el caso de Paris o Perseo en Grecia, Rómulo y Remo en Roma, Anubis u Horus en Egipto, Mwindo en el Zaire, Shen Nong en China, Sargón en Acadia, Lugh entre los celtas, Krishna entre los hindúes, etc...

2) El sacrificio de los primogénitos, o la llamada “muerte de los inocentes”, tan repetida en la Biblia. Es la matanza de los primogénitos en Egipto en tiempos de Moisés (Éxodo 11- 1-10), pero también la ordenada por Herodes cuando nació Jesús (Mateo 2, 16-18) que, supuestamente, aluden a la muerte de los primogénitos, en Fenicia y Canaán, como ofrenda a su dios Moloch. Esta costumbre terrible tenía lugar asimismo entre los celtas (los pequeños eran inmolados a Cromm Cruach) (A, 209), y entre los polinesios. No son los únicos casos: era común en Abisinia, en Uganda, en Rusia, en Florida, en Perú o en el Amazonas. Existe un mito persa, el de Feridun, que se ajusta a este patrón (el rey-demonio Zohak ordenó que todos los niños fueran asesinados para evitar el nacimiento, previsto por los adivinos, del héroe Feridun).  

3) Un tercer mito, relacionado con los anteriores, es el “nacimiento milagroso”; es el caso del nacimiento de Jesús a partir de una virgen, o el de Buda, o los de Rómulo y Remo, o el de Attis, o el de Krishna, o el de Quetzalcoatl.  

4) Por último, no podemos dejar de mencionar el caso del “incesto sagrado”; o sea, del “matrimonio consanguíneo” entre hermanos, en determinadas sociedades altamente jerarquizadas y estratificadas. Ello sucedía en Egipto (unión de Isis y Osiris), pero también en Grecia (Zeus y Hera), en India (Yama y Yami), entre los incas (Manco Capac y Mama Ocllo), y entre los polinesios (dentro de la casta de los ali’i; Nahienaena y Kamehameha, a principios del siglo XX, eran reyes hermanos en Hawaii). En algunos casos éste se justifica por un “motivo de necesidad”, como cuando –tras el Diluvio- sólo sobrevivieron personas de una misma familia: como el que tuvo lugar entre Manu y su hija (en el mito indio).  

Según Mircea Eliade la androginia es una forma de expresar la bi-unidad original divina (el Cielo y la Tierra originarios, tan comunes en el acervo cultural universal). Para Carl Jung la androginia representaría la unión-oposición de contrarios en términos cosmológicos. Como hemos visto más arriba, una variante de la idea de bi-unidad divina la encontramos en una costumbre inveterada en diversas culturas: “el incesto divino”, es decir, el matrimonio entre hermanos, o entre padre e hija (entre los egipcios). Dicho hábito, lejos de constituir una expresión arbitraria de endogamia genética, simbolizaría la “unificación de contrarios”, con el propósito de restituir el ser perfecto andrógino originario (véase más arriba). 

En la esfera terrenal, el incesto entre hermanos se utilizaba para (en palabras de Shahrukh Husain, en La diosa. Taschen, 2001): “vincular los sistemas divino y humano y para equiparar el orden cósmico con el social” (pág. 86). Tanto las familias reales incas como egipcias observaron esta costumbre para asegurarse así los favores de lo alto, y para reivindicar con mayor fortaleza su ascendencia divina. No olvidemos que la consorte de Osiris era su hermana Isis, dando origen al prototipo de matrimonio entre hermanos o medio hermanos en el seno de la familia real egipcia. El tabú del incesto no sería sólo una medida con carácter profiláctico (evitar la “corrupción” de la sangre), sino que ante todo pretendería remarcar la diferencia de status entre la familia real y el pueblo sometido. Por poner un ejemplo, en el archipiélago de las islas Hawaii los jefes ali’i eran considerados como dioses, y solían casarse entre personas del mismo rango; en ocasiones tales uniones se producían entre hermana y hermano, en la creencia de que la sangre del heredero se mantendría “pura”, e incrementaría su mana. Mientras en esta casta el incesto era obligatorio, estaba estrictamente prohibido en el resto de la población, por las razones expuestas más arriba. Pero puede tener otro significado; de acuerdo con Stephen Oppenheimer, en algunas sociedades (como en Melanesia o en el Sudeste de Asia) el incesto es un intento de perpetuar la línea masculina en una sociedad matrilineal (N, 425). (Recientemente se ha encontrado pruebas de su práctica en la Europa megalítica; más en concreto, los restos enterrados en Newgrange –Irlanda- de un individuo demostrarían que era el fruto de una unión incestuosa de padres e hijos, o entre hermanos.)

Pasaré a analizar el célebre mito del “conflicto entre hermanos”, que tiene como protagonistas a Caín y Abel. Es bien sabido que el Génesis no está falto de mensajes crípticos: el pasaje en que Caín asesina a su hermano Abel es uno de ellos. Intentaré resumir brevemente lo esencial de esta historia: “Después de ser expulsados del Jardín del Edén, Adán y Eva tuvieron dos hijos; al primero lo llamaron Caín y al segundo Abel. Abel era pastor de ovejas y Caín cultivaba la tierra. Como Yahvé-Dios aceptó las primicias de Abel, pero no las de Caín, éste decidió vengarse matando a su hermano. Y como consecuencia, Yahvé-Dios le maldijo y le expulsó al país de Nod (que se encuentra al este del Edén). Sin embargo, de la estirpe de Caín surgiría la Civilización: las primeras ciudades, la música y la metalurgia”. Todo hace pensar que este relato es en realidad un mensaje simbólico. Según la visión habitual, Caín (la agricultura) representaría los avances de la Civilización, que históricamente está asociada a la urbanización, a las artes, a la metalurgia y a la guerra (no olvidemos que Caín es el primer asesino de la Historia). Abel haría referencia a la ganadería o –según algunos- a los resíduos de una sociedad cazadora-recolectora. Así pues, el conflicto entre Caín y Abel podría reflejar el que habría tenido lugar –muy posiblemente- entre sociedades Neolíticas y Mesolíticas (o Eneolíticas) en una fase determinada de la protohistoria. De ello hablaré en otro lugar.

El país de Nod (donde Caín fueexpulsado), para la mayor parte de las interpretaciones, sería otro elemento simbólico: expresaría una condición -su condena a errar por el mundo-, no un lugar concreto. Sin embargo, existe otra versión, explicada por Sincello (G, 338), que dice así: “Los hombres ocupaban antes del Diluvio una comarca situada entre el Paraíso y el Océano. La raza de Caín habitaba la tierra de Nod, que temblaba, mientras que Seth, por orden de Adán, se estableció en la tierra de Edén, frente al Paraíso. Su descendencia siguió residiendo en esta región para impedir que se mezclase con la línea del fratricida. Toda esta raza de Caín era pequeña de cuerpo y deprimida en su aspecto, mientras que los hijos de Seth, a los que también se llamaron gigantes o hijos de Dios, eran notables por la elegancia de las proporciones y la belleza de su rostro”. 

En definitiva, La disputa entre Caín y Abel puede ser algo más que una fábula alegórica: podría hablar de un conflicto primordial que tuvo lugar, entre dos razas (o dos pueblos), en un lugar lejano, hace ya mucho tiempo. Y por lo que se ve, en ese conflicto fue la raza oscura (Caín) la que, a la postre, resultó vencedora. Tal vez este relato legendario es una rememoración de un hecho histórico, fruto de la convivencia obligada (producto de la vecindad) entre dos pueblos (los gigantes y los pigmeos de la mitología universal); o bien de la conquista de un pueblo por el otro. En el siguiente pasaje de la mitología melanesia observamos un relato similar al de Sincello: “Anut, el Creador, creó los primeros hombre y mujer a partir de la tierra. En una versión del mito, la primera mujer, Suspain, fue creada de la costilla del hombre. Ambos tuvieron dos hijos: Kulabob era alto y de raza blanca; Manup era oscuro y de escasa talla. Kulabob fue inventor de la canoa, de la cerámica y de otras artes útiles. También es obra suya la magia, el tatuaje, y la danza ritual. Manup desarrolló las leyes y las costumbres, y era un gran cazador. Por una disputa doméstica Kulabob tuvo que escapar transformándose en rata. Desde entonces, el pueblo melanesio espera que algún día retorne. Cuando en 1871 el primer hombre blanco desembarcó en esas tierras, como en la América de Cortés y Pizarro, lo confundieron con un descendiente del desaparecido Kulabob (N, 454). Aquí, nuevamente -como explica Sincello en su versión del mito de Caín y Abel- el pigmeo de raza oscura derrota al gigante de raza blanca, aunque contrariamente al relato bíblico es el vencido, no el vencedor, el que tiene que huir de su país.  

Continúa en... Libro de próxima publicación.

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