Serpiente-Inmortalidad

Bibliografía: 

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Temas principales: 

Serpiente-inmortalidad: (1-1), (1-3), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (3-1), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2), (5-1), (5-2), (5-3), (5-4). 

Serpiente, árbol, pájaro: (1-2), (1-3), (1-4), (2-1), (2-3), (2-5), (2-6), (3-2), (5-2), (5-3). 

Lucha serpiente-pájaro: (2-2), (2-5), (2-6), (3-1), (3-2), (4-1), (5-2), (5-3). 

Análisis: 

La serpiente es un elemento recurrente del mito. Su mirada intensa y sus movimientos sinuosos la hacen parecer inteligente (no en vano tentó a Eva para que comiera el fruto del Árbol del Conocimiento en Edén). Es por ello que constituye un elemento central de la mitología de prácticamente todos los pueblos del mundo (excepto en Polinesia, por las razones que expondré más abajo). Uno de los aspectos que la hacen más misteriosa es su regular muda de piel, que a ojos de las gentes la convierte en inmortal. Su asociación con la tierra (pues no en vano se esconde en ella) la liga a la Madre Tierra, y por tanto a las aguas y a la fecundidad; de ahí que un pueblo como el Hopi de Arizona realice una “danza de las serpientes” en ruego por la fertilidad del suelo y por la lluvia (esta danza celebra la unión de Snake Youth, un espíritu del Cielo, y Snake Girl, una entidad terrestre). En lugares como en Creta, y en zonas de Próximo Oriente, la Diosa Madre sostiene serpientes; lo mismo sucede en Centro América. La serpiente también está asociada a la Creación. En Australia se conoce como Serpiente Arco-Iris, que es o bien la Madre Tierra en sí misma, o bien un dios del agua que engendró los ríos, los lagos y los océanos. Como encarnación de las aguas, en India la serpiente Ahi produce la sequía cuando las atesora en su vientre; el héroe Indra se encarga de hacer circular de nuevo el líquido elemento derrotando al monstruo. En China las serpientes-dragón están asociadas a la lluvia y a los manantiales, y son una entidad positiva por regla general. La serpiente del mundo nace en el Océano primordial, y suele ser el primer ser de la Creación, que a su vez despliega todas las posibilidades de la vida en la Tierra (en un principio el dios egipcio Atum era en sí mismo una serpiente). La serpiente está asociada por lo general a la divinidad creadora, sea masculina o femenina (tanto los dioses como las diosas pueden ser ofiomorfos). Como se mueve por la tierra, en la superficie, simboliza lo “autóctono” y ancestral; de ahí que los primeros reyes griegos (como Erictonio, o Cécrope) tuvieran forma de ofidio.

La “serpiente” constituye también una tribu, pueblo, o entidad totémica que difunde las artes de la Civilización, o que funda dinastías: es el caso del Quetzalcoatl azteca, de los nagas hindúes o del Sudeste Asiático, y del Cécrope griego. Pero también es el gran monstruo, que en los albores de la Creación se opone al dios creador para destruir su obra, al modo del Apofis egipcio, que se enfrenta a las fuerzas combinadas de Ra y de Seth; o bien de Nidhogg, que en todo momento amenaza las raíces de Yggdrasil (el Árbol del Mundo), o de Jormungand, la serpiente marina que destruirá la Creación cuando llegue el Ragnarok (el fin del mundo). Este monstruo primordial fue posteriormente miniaturizado, en la tradición hebrea, en la figura de Leviatán, contra el cual lucha Yahvé. La serpiente tiene muchas connotaciones esotéricas: cabe hablar, entre otras (por no mencionar el dragón), de la amfisbena y de las dos serpientes del caduceo. La primera (una serpiente con dos cabezas, una en cada extremo) representa –como el dragón- la dualidad del bien y del mal; las segundas, en combinación con la vara (el caduceo) simbolizan la paz y la salud (la medicina). Una serpiente que se muerde la cola (el uroboros) es, como veremos, un símbolo muy difundido, que se puede hallar incluso en la Polinesia, y que representa el ciclo de los tiempos y la renovación de la materia; como tal, es asimismo un emblema alquímico, que significa literalmente “todo en uno”, pues representa el “circuito cerrado” de la Gran obra. Según Fulcanelli es un símbolo del infinito y de la eternidad. Por consiguiente, este animal totémico, sagrado, maldito y admirado, tiene multitud de connotaciones en la imaginería universal. 

Según Cirlot, en Diccionario de símbolos, la serpiente es el símbolo por antonomasia de la energía y de la fuerza pura y sola (de ahí –tal vez- el kundalini hindú). Su culto –según este autor- está vinculado a las aguas, y por ello es protectora de las fuentes de la vida y de la inmortalidad (por ejemplo, del Árbol del Mundo y del Elixir de la Vida). También defiende los tesoros; se asocia a las fuerzas de la destrucción cuando, lejos de habitar en las aguas, reside en el desierto (es el caso egipcio). Le asiste una asociación o conexión natural con el principio femenino, encarnado en Eva en el mito del Génesis (de ahí que la serpiente se dirigiera a ella en primera instancia), y representado por numerosas figurinas del Levante europeo (incluso en la Iberia del Occidente) o del Próximo Oriente. Una vez domada o disminuida su componente maléfica, la serpiente puede tener una influencia benéfica y protectora, que los egipcios simbolizan en el Uraeus (uno de sus símbolos más apreciados, junto con el Ankh y el Udjet). 

De acuerdo con Jean Chevalier (Diccionario de los símbolos) hombre y serpiente son opuestos y –al mismo tiempo- complementarios, pues se hallan en los dos extremos de la “cadena de la Creación”. Las serpientes son seres “primordiales”; el ser humano, por el contrario, representa la “cumbre” de la Creación; su culminación. Es por ello que en los relatos míticos de la Creación se contemplan dos etapas: en una primera, con la organización de la materia primordial (el Caos) nace la serpiente, que en muchos casos es por sí misma creadora, pero que con posterioridad se convierte en una rémora del pasado (del Caos), que el héroe o el dios se encarga de exterminar. En una fase posterior, por así decirlo de culminación del proceso creador (que en el Génesis se traduce en las jornadas de la Creación), el dios o el trickster (y en algún caso la misma serpiente creadora) genera al ser humano, dándose inicio a una nueva fase del mito. Aquí el héroe o el trickster ha de despejar el camino de monstruos, serpientes o gigantes para que el género humano pueda desplegar todo su potencial. En este sentido –creo- el ser humano y la serpiente son opuestos, ya que que ambos representan el alfa y el omega de la Creación divina. 

La serpiente es un símbolo recurrente en la mitología universal: está asociada a la fertilidad, a la inmortalidad, a la medicina, al agua, a la sabiduría, a la creación del mundo, a la eternidad (especialmente en su representación artística, mordiéndose la cola)... Pero también está asociada al mal, como es evidente en el mito hebreo (la serpiente provoca el "pecado original", y la expulsión de la raza humana del Paraíso). En la iconografía occidental la serpiente es una representación del diablo. Su expresión más conocida es el dragón muerto por San Jorge o por San Miguel, ejemplificando así la victoria del bien sobre el mal (o del Cristianismo sobre el paganismo). Por lo que se refiere a su vínculo con la inmortalidad, su simbolismo es bastante lógico: la serpiente muda la piel, y con ello -según el pensamiento de las sociedades "primitivas"- recupera su juventud: “Soy un Hijo de la Tierra / Yo le soy fiel / Ora muero, ora vuelvo a la vida / Heme aquí que florezco nuevamente y que me renuevo / De acuerdo a los ritmos milenarios del Tiempo” (Libro Egipcio de los Muertos, conjuro LXXXVII). En griego geras significa tanto “vejez” como la “muda de la piel de la serpiente”. 

No obstante, no podemos olvidar su asociación con los mitos de la Creación: no en vano arrebató la inmortalidad, o la felicidad, o la juventud, a la desdichada especie humana. Como hemos visto con anterioridad, la serpiente-dragón está asociada estrechamente al elixir de la vida: suele ser su guardián -en unos casos- o su beneficiario -en otros-, siempre en perjuicio del héroe (es el caso de Gilgamesh) o del ser humano en general. Según Mircea Eliade la segunda variante (la serpiente que roba el elixir de la inmortalidad) es una versión tardía de la primera (la serpiente que guarda el elixir de la inmortalidad). En cualquier caso, según el mismo autor, la serpiente tendría carácter lunar, porque al expresar la "regeneración" estaría asociada a los ciclos lunares (tras la Luna nueva llega la Luna plena), a la noche, y al submundo. De ahí su carácter ctónico (subterráneo). Generalmente se ha asociado el símbolo de la espiral (notoriamente universal) al de la serpiente. Tiene connotaciones eróticas y genésicas. Por eso la Luna, así como la serpiente, están ligadas a la tierra, a las aguas, a la vegetación, a la fecundidad y a la agricultura. En la mitología hindú, la vinculación entre la serpiente y la espiral está clara: el símbolo conocido como kundalini representa una serpiente enrollada en forma de espiral, con la cola dentro, y la cabeza fuera. La relación entre la Luna y la fertilidad pervive aún hoy día, en que muchos agricultores plantan las semillas cuando la Luna está en fase creciente (desde la Luna nueva hasta la Luna llena), siendo el momento óptimo el plenilunio. Por otro lado, hasta no hace mucho tiempo, las mujeres con problemas de fertilidad dormían al raso para que los rayos de la Luna llena les dotara de sus poderes benéficos. Prácticamente todas las sociedades son conscientes del influjo de la Luna sobre las mareas. De ahí que le atribuyan una fuerte influencia sobre el mundo "sublunar". 

La serpiente sería el ligamen entre lo material y lo eterno e increado. ¿Qué mejor símbolo para representar esta idea que el uroboros alquimista, es decir, la serpiente mordiendo su cola (formando un círculo)? En una obra alquimista titulada Diálogo de Cleopatra y los filósofos (siglo II dC) aparece un símbolo del uroboros con el siguiente mensaje en su centro: “Todo es uno”. El uroboros tiene también un significado solar: algunas tribus norteamericanas, especialmente en Arizona, asocian la imagen de la serpiente “con la cola en la boca” al movimiento anual del Sol. Por otro lado, los alquimistas la representaban a menudo como un dragón alado (véase más abajo el símbolo “serpiente-pájaro”). Por último, no podemos dejar de mencionar el simbolismo de la serpiente-monstruo marino, derrotada por un héroe o un dios, el cual crea un nuevo Universo con su cuerpo. Éste es común en las mitologías mesopotámica, hebrea e india, aunque podríamos considerar que el mito azteca es análogo. Aquí tenemos de nuevo a la serpiente y al agua en su carácter más primordial, simbolizando el "caos" y la Luna, y derrotada por el dios solar, ordenador y civilizador.

Continúa en... Libro de próxima publicación.

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