El Dragón

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Temas principales: 

El héroe combate contra el dragón (San Jorge y el Dragón): (1-1), (1-2), (1-3), (1-4), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-3), (4-1), (4-2), (5-2), (5-3), (5-4). 

El dragón guarda el tesoro: (1-1), (1-2), (1-3), (1-4), (2-1), (2-3), (2-6). 

El héroe salva a la doncella del dragón (San Jorge y el Dragón): (1-1), (1-2), (2-3), (2-4), (2-5), (4-2). 

Serpiente del mundo: (1-1), (1-4), (2-1), (2-2), (2-3), (2-4), (2-5), (2-6), (3-1), (3-2), (3-3), (4-1), (4-2), (5-1), (5-2), (5-3), (5-4). 

Análisis:

La serpiente es un símbolo recurrente en la mitología universal. Está asociada a la fertilidad, a la inmortalidad, a la medicina, al agua, a la sabiduría, a la creación del mundo, a la eternidad (especialmente en su representación artística, mordiéndose la cola)... Al arrastrarse por el suelo, también es un símbolo ctónico, ligado al mundo de abajo (como Pitón, la serpiente de Delfos). Según Jean Chevalier (Diccionario de los Símbolos): “El epíteto ctónico se da a seres fabulosos (dragones) o reales (serpientes) de origen subterráneo, de naturaleza a menudo terrible, ligados a las ideas y a las fuerzas de la germinación y la muerte”. Su mirada fija, y sus movimientos sinuosos, la hacen parecer un animal inteligente. Pero también está asociada al mal, como es evidente en el mito de los orígenes (la serpiente provoca el "pecado original", y la expulsión de la raza humana del Paraíso; o bien roba la poción o el fruto de la inmortalidad, en beneficio de sí misma). En la iconografía occidental la serpiente es una representación del diablo; y asimismo del dragón. De hecho, “dragón”deriva del griego drakon (serpiente). 

El dragón es un icono universal, que podemos encontrar tanto en Europa, como en Asia, en África, e incluso en América. En la obra El hombre y el animal (Robert Laffont et al. Plaza y Janés, 1965) se dice de él: “Tiene por lo general la forma de un saurio alado, nacido del mar o del río, surgido de una gruta o de un pantano”. Su máxima expresión es el dragón muerto por San Jorge o por San Miguel, ejemplificando así la victoria del bien sobre el mal (o del cristianismo sobre el paganismo). Pero éstos no son los únicos santos cristianos asociados al dragón: ahí tenemos también a Juan Evangelista, Jaime el Mayor, Felipe, Patricio y Marcelo. 

La serpiente-dragón está vinculada a los pozos, los manantiales, los lagos, las fuentes y los mares. Como tal, se convierte en un genio protector de las fuentes de la vida y de la inmortalidad. Como símbolo lunar está asociada asimismo a la fecundidad y a la regeneración. Una reelaboración posterior la vincula a la protección de tesoros: ¿qué mayor tesoro que la inmortalidad o la eterna juventud? Este principio simbólico se transformó posteriormente en emblema de la riqueza, o de la salud (de ahí el caduceo griego). Sin embargo, la posesión de la riqueza está asociada a la desdicha: "¡Desde ahora este anillo de oro y todo el tesoro que lo acompaña significará la desgracia de todo el que lo posea!... Sólo cuando este anillo y este tesoro hayan sido devueltos a las aguas profundas acabará su maldición", dice el enano Andvari en la leyenda de Sigfrido. Carl Jung, por su parte, identifica el agua con lo inconsciente: eso es lo que representaría el lago en el valle. Así interpreta los sueños de algunos pacientes, cuyo tema es el agua. Como afirma en su artículo Sobre los arquetipos del inconsciente colectivo: "Si se quiere desenterrar el tesoro, la preciosa herencia del padre, hay que recorrer el camino del agua, el camino que siempre desciende".

La serpiente podría suponer una concepción panteísta de la realidad: se identifica con las aguas primordiales. Sería el ligamen entre lo material y lo eterno e increado, pues en la serpiente la materia se hace eterna (no en vano muda la piel y se regenera). Por ello se la relaciona con la inmortalidad. ¿Qué mejor símbolo para representar esta idea que el uroboros alquimista, es decir, la serpiente mordiendo su cola (formando un círculo)? En una obra alquimista titulada Diálogo de Cleopatra y los filósofos (siglo II dC.) aparece un símbolo del uroboros con el siguiente mensaje en su centro: “Uno es todo”. Recordemos que el mandala (un círculo inscrito en un cuadrado) tiene un poder cosmológico claro: el círculo (eso es lo que significa literalmente mandala) significa la "totalidad", mientras que el cuadrado representaría la “conciencia”. Círculo-agua-totalidad-inconsciente: esta interpretación parece "cuadrar" con el sentido que le da Jung. Pese a ello, no podemos dejar de insistir en el simbolismo de la serpiente-monstruo marino, derrotada por un héroe o un dios, el cual crea un nuevo Universo con su cuerpo. Éste se repite en las mitologías del Próximo Oriente y en general de Asia, aunque podríamos considerar que el mito azteca es análogo. Aquí tenemos de nuevo a la serpiente y al agua en su carácter más primordial, simbolizando el "caos" y la Luna, y derrotados por el dios solar, ordenador y civilizador (véase más abajo). 

La serpiente es un símbolo que está relacionado con la medicina (el caduceo es el bastón de Esculapio) y la adivinación (la Pitia de Delfos profetiza únicamente en trance, etc.). Y ya sabemos que los roles principales del chamán son los de curandero y adivino. Pues bien, según algunos autores, los chamanes, en sus estados alterados de conciencia, pueden descifrar y codificar lo que se conoce como el “lenguaje secreto de la Naturaleza”, tal como el sentido último y real de los mitos y símbolos ancestrales. Y el símbolo de la Serpiente Cósmica ocupa un lugar primordial entre las experiencias visionarias chamánicas. Desde este punto de vista, los chamanes adquieren una conciencia clara de la era mítica (los tiempos originarios y los ancestros), al igual que sucede entre los aborígenes australianos y el llamado “tiempo de los sueños”. Hay quien afirma, por su lado, que la gnosis chamánica (su conocimiento más elevado) está simbolizada por la Serpiente Cósmica, que representa a su vez la comunicación entre el Cielo y la Tierra. No en vano, el chamán es un especialista mediador entre el presente, el pasado y el futuro (Diego Méndez).

Mircea Eliade, en su Tratado de la Historia de las Religiones, afirma lo siguiente: “Salta a la vista que la lucha con el monstruo tiene un sentido iniciático; el hombre tiene que pasar por una serie de ‘pruebas’, tiene que convertirse en ‘héroe’ para tener derecho a adquirir la inmortalidad. El que no vence al dragón o a la serpiente no tiene acceso al árbol de la vida, es decir, no puede adquirir la inmortalidad”. Esta imagen arquetípica (el esfuerzo para acceder al premio, ya sea la inmortalidad, el conocimiento, el poder, o cualquier otro) no deja de ser una ideologización (o racionalización) de un símbolo muy antiguo; y no olvidemos que, como escribo en mi obra Los Hijos del Edén (página 39): “El simbolismo es un modo de pensamiento abstracto que se aleja del esquema racionalista-lógico, imperante en Occidente, y otorga una significación profunda, si bien oculta, a los objetos e imágenes profanos; por ejemplo, el árbol no es entendido como un árbol a secas, sino como una imagen arquetípica que expresa la idea de fecundidad y regeneración”. 

Desde mi punto de vista personal, la mitología –especialmente la que se refiere a los “mitos del origen”, y éste es uno de ellos- no puede interpretarse desde la óptica –racionalista- actual; es decir, como un mero ejercicio intelectual. La mitología es, y siempre ha sido, una encriptación, o una simplificación, o un residuo, de un hecho histórico. Es decir, el mito es Historia, y más cuando éste es un mito primordial. No hay duda que hay mitos intelectualizados, que se refieren –por ejemplo- a la muerte –o desaparición- del dios, aludiendo a las variaciones climáticas y a la fertilidad de la Tierra. Pero cuando hablamos del árbol, del huevo, del pájaro o de la serpiente nos estamos refiriendo a otra cosa; a la creación, a la evolución, y a la destrucción de la vida (el símbolo de la trinidad, al modo de Brahma-Vishnú-Shiva, es un ejemplo). La Serpiente del Mundo es en sí una imagen extraña, lo que implica que su significación más profunda –y genuina- supera su sentido aparente: ¿una serpiente que rodea el mundo, y se muerde la cola? ¡Absurdo! Lo es tanto que, si dicho icono es universal, ello implica que su fuente, su lugar de origen, no puede ser más que uno (estamos hablando de “difusionismo cultural”, por supuesto). Por otro lado, se entiende que la serpiente esté asociada a la medicina, a la inmortalidad, o hasta al conocimiento. ¿Pero por qué al Árbol del Mundo? Éste -es un hecho aceptado- es una representación del Cosmos, puesto que tiene sus raíces en el submundo y su copa en el Cielo. En definitiva, si la Serpiente del Mundo es un icono universal es porque ha sido difundido desde un lugar concreto. Desde este punto de vista es un “mito raíz”. 

Como tal, la Serpiente del Mundo puede tener distintas connotaciones. Desde mi punto de vista, en un primer momento tenía una lectura positiva, creadora de la vida, de la fertilidad, y de la formación del mundo; como aún sucede en China. Posteriormente adquirió una lectura negativa. Los “mitos-raíz” la describen rodeando el Árbol del Mundo (y por tanto el Cosmos, en toda su complejidad, pues comprende desde el submundo hasta el reino de los cielos), o bien como una “serpiente primordial”, generadora de vida. Puede encarnar al dios o a la diosa, pero opino que su aspecto femenino sería más antiguo; tal vez posteriormente se masculinizó (éste es un tema que requiere una investigación suplementaria). Como he dicho, puede tener una interpretación ambivalente; por ejemplo, en Australia la serpiente Yurlunggor (o Jarapiri), más conocida como la Serpiente Arco-Iris, por un lado creó el mundo y a la especie humana, pero por otro lado lo destruyó –temporalmente- al provocar el Diluvio. En Colombia la serpiente Bochue es asimisma benévola; y en India, la serpiente Ananta (el rey de los nagas) es el eterno compañero (nunca mejor dicho, puesto que Ananta significa “infinito”, “sin fin”, “eterno”) del dios de la vida Vishnú (en algunas versiones del mito se insinúa que es una de las formas del dios). Es decir, como veremos más adelante, su primera lectura (benévola) derivó en una visión más negativa, hasta el punto de que la Serpiente del Mundo pasó a representar el caos y lo maligno (es la lucha de Yahvé contra Leviatán, o de Ra contra Apofis). Posteriormente se “miniaturizó”, y se convirtió en un simple dragón; la mayor parte de las veces acuático, contra el que debe luchar el héroe.

Seguidamente expondré una hipótesis un tanto aventurada, pero creo que oportuna y necesaria. La Serpiente del Mundo es la “antepasada del dragón”, del mismo modo que el Árbol del Mundo lo es del Árbol de la Vida bíblico. La Serpiente, combinada con las alas del pájaro, alude a un estado superior de la conciencia, y del conocimiento, puesto que al elemento ctónico (terrestre) y acuático (marino) se le añade el elemento celeste (superior). La Serpiente del Mundo, alada, no es ya un dragón, sino una representación del Cosmos, equivalente a la imagen arquetípica del Árbol del Mundo. Ahora bien, en una primera fase de evolución de la cultura, el Cosmos, regido por la Diosa (estamos hablando de un sistema social “matriarcal”), era en cierto modo autogestionado. Todavía no existía la propiedad (que era comunal), no se habían establecido jerarquías. La Luna (lo femenino), la deidad femenina, señoreaba el panorama. Con el advenimiento del patriarcalismo, el Sol desbanca a la Luna, el Toro a la Serpiente (elemento lunar, ctónico y acuático), y el héroe derrota al “monstruo”, constituido por el dragón alado, por el Cosmos simbolizado por la Serpiente del Mundo. Desde este punto de vista, un mundo en que la Serpiente del Mundo impere, sin la mediación –o la salvación- del “héroe”, es un mundo en el que todavía sobrevive la cosmovisión matriarcal. ¿Significa ello que el matriarcado era una época pacífica, sin guerras ni derramamiento de sangre? Nada más lejos de la realidad; algunos mitos (del tipo de Attis o Adonis, que alude a la muerte del “consorte de la Diosa”) dejan entrever que cuando la “matrona” era líder de su poblado, o de su tribu, su consorte era sacrificado; lo que implica que el reinado de éste duraba un tiempo limitado. James Frazer ejemplariza el sacrificio del “rey divino” en la muerte de Virbio (soberano del bosque de Nemi), consorte de Diana (La rama dorada).

Curiosamente, tanto entre los bálticos (Saule), como entre los japoneses (Amaterasu), y los cananeos (Shapash), el Sol es una figura femenina; y tanto entre los polinesios, como entre los babilonios, los mexicas y los hindúes, la Luna es anterior al Sol; y en ocasiones su madre. En Los Hijos del Edén (página 249) escribo lo siguiente: “En el Nuevo Mundo sucedería un fenómeno similar: existen indicios que apuntan a que los aztecas practicarían originariamente un culto lunar. No en vano mexica -el otro nombre con el que eran conocidos- podría derivar de metztlixihtlico, que significa ‘ciudad situada en el centro del lago de la Luna’ (donde xictli es ‘centro’ y metztli es ‘Luna’). La Gran Diosa de los aztecas era Cihuacóatl (‘mujer serpiente’, diosa lunar), madre del dios solar Huitzilopochtli a través de su derivación como Coatlicue (la Madre Tierra de los aztecas). También en Mesopotamia el dios del Sol (Shamash) es hijo de del dios lunar Sin. Entre los celtas, la diosa Anu (o Danu) era la reina de la Luna, que presidía los círculos de roca gemelos de la necrópolis de Avebury, en Wiltshire. Y, por último, la raíz sánscrita del topónimo India (Indu) alude a la Luna. En resumidas cuentas: la Luna es progenitora del Sol; la Luna es anterior al Sol”.

¿Dónde quiero ir a parar con todo ello? Es sencillo. El símbolo de la Serpiente Primordial, o “cósmica”, pertenece a una etapa de la cultura que podríamos llamar matriarcal, o “lunar”. Con la llegada del patriarcalismo, y por ende de las sociedades fundamentadas en el dominio masculino, la Luna (la Serpiente) es destronada por el Sol (el Toro), y éste se toma su revancha. De ahí la imagen del dios luchando contra la Serpiente Primordial (es decir, contra la cosmovisión de la sociedad matriarcal), y su eventual victoria. Posteriormente, incluso esta evolución del mito es olvidada por los sabios, convirtiéndose en una fábula (en una burda representación), del tipo de Yahvé y su lucha contra Leviatán-Rahab, y más allá, de Sigfrido en su combate contra el dragón Fafnir (el guardián del tesoro de Andvari; véase más arriba). Pero si profundizamos aún más en el análisis, la Serpiente del Mundo (o su imagen disminuida, el dragón) no deja de ser la representación del Cosmos, al igual que el Árbol del Mundo. De ahí que ambas figuras míticas están íntimamente relacionadas. La Serpiente del Mundo ¿destruye acaso el mundo?, ¿o más bien lo protege? Tal vez con el tiempo se ha impuesto una visión negativa de ella, especialmente en las sociedades “patriarcales”. Desde mi punto de vista, las culturas donde la Serpiente del Mundo y el Árbol del Mundo aún imperan, y donde aún no se han miniaturizado, indudablemente están más cercanas a la raíz, o fuente, del mito. Si además en una determinada cultura la Serpiente del Mundo señorea el mar, sin ser acosada por el dios o el héroe solar, hemos de considerar que ha sido poco contaminada por la cosmovisión “patriarcal”. Ello sería indicio de una mayor “pureza” del mito, y de una mayor proximidad a la fuente. Pero sigamos con nuestro razonamiento, tras este largo paréntesis.

La serpiente ha sido un símbolo muy repetido en diversas culturas, tanto en Oriente como en Occidente, para representar una raza de colonizadores y héroes civilizadores. Por ejemplo, en Indonesia Naga Pahoda fue el rey-ser­piente en los tiempos de la Creación, cuando nada existía sino el océano y el Cielo. Y tanto en Camboya, como en Borneo, como en Vietnam, como en Melanesia, el ancestro de sus respectivos pueblos (de carácter civilizador) es hijo de un príncipe, o un ser mortal, y de una mujer ser­piente (o dragón), llamada nagi. Herodoto narra en su Historia la leyenda de Hér­cules y la mujer-serpiente, que dio como resultado a Escita, el antepa­sado del pueblo de las estepas; y en la mitología griega es característico el caso del Cecrops ateniense (hijo de Hefesto y de Gea), rey serpenti­forme. No en vano la figura del dios o la diosa-serpiente es bien popular en todo el mundo. Los hindúes hablan de los nagas, que residen en el paraíso subterráneo de Atala… En defintiva, es como si a lo largo y a lo ancho del mundo hubiera emigrado un pueblo (o se hubiera difundido un ideario) que tuviera como animal totémico la serpiente, y se hubiera instalado en diversas partes del planeta, tras la gran catástrofe que habría provocado la ruina de su civilización. Uno de los posibles lugares de colonización de estos emigrantes sería América. En el área de México se menciona un pueblo liderado por la llamada “serpiente emplumada” (el dragón). Por no hablar de China, por supuesto. 

Los principales mitemas de este apartado son “el combate del héroe contra el dragón”, y el rescate de la princesa (de las garras del saurio), lo que en ocasiones reporta al héroe pingües beneficios (convertirse en heredero del reino, el matrimonio con la princesa, etc.). Otra acepción del dragón es su papel –junto con el gigante, del tipo Humbaba en Sumeria- de guardián del tesoro, o del elixir de la inmortalidad. Sea como sea, la serpiente está asociada al agua (es un símbolo lunar), aunque en ocasiones –también- a fenómenos atmosféricos (como el arco iris; la Serpiente Arco Iris, o Jarapiri, es una figura importante de la tradición australiana). Pero el motivo más bizarro, si cabe, es la Serpiente del Mundo, asociada a las aguas primordiales (al Océano Primordial), y al Árbol del Mundo, del que podemos observar diversos ejemplos en la mitología universal. 

A este respecto, hay un tema que me inquieta sobremanera. Parece ser como si el dragón (una serpiente en combinación con un pájaro) fuese un subproducto bastardizado de la idea original: la Serpiente del Mundo, o Serpiente Primordial, vinculada al Océano Primordial y al Árbol del Mundo. Podemos comprobarlo en el contexto asiático: aquí parece como si el Leviatán o Rahab hebreos, o bien el Illuyankas hitita, o el Kur Sumerio, o el Tiamat babilonio, o el Yam cananeo, o el Labbu acadio, o el Bashmu mesopotámico, no fueran más que simplificaciones, miniaturas (para algunos simples representaciones) del gran monstruo (marino o no) que en Próximo Oriente sólo ha dejado huellas en el Azhi Dahaka persa (vencido por Atar, hijo de Ahura Mazda), o en Tifón griego (hijo de Gaia, la Madre Tierra). En otros lugares la serpiente marina, representación del Caos primigenio, es vencida por el héroe solar. En Egipto el dios solar Ra debe enfrentarse cada día a la serpiente cósmica Apofis; en la India el dios Indra mata a la serpiente cósmica Vrtra; en Siberia el héroe derrota a la serpiente marina Losy; y en Centroamérica Quetzalcoatl y Tezcatlipoca luchan en el Océano primordial contra la diosa Coatlicue, con lo cual crean el mundo (entre los nórdicos Jormungand, la Serpiente del Mundo, es “pescada” por el dios tonante Thor). En definitiva, parece que el motivo originario sea la Serpiente del Mundo, que reside en el Océano Primordial (es por ello una figura acuática). Por la razón que sea, el héroe ha de luchar contra ella. 

¿Pero por qué? El mito hindú nos lo revela: el héroe solar debe liberar las aguas, retenidas por la serpiente, entendida como un elemento maligno. Aquí, desde mi punto de vista, el sacerdocio patriarcalista genera una mixtificación, una explicación ad hoc de la victoria de la cosmovisión solar sobre la lunar (de lo patriarcal sobre lo matriarcal). La serpiente (la Luna) “retiene las aguas”, en un entorno aún sujeto a los rigores del clima glacial. En Europa ello se expresa en frío extremo; en otros lugares del mundo en una acentuada sequedad. Cuando el héroe (o dios) solar mata a la serpiente acaba asimismo con el frío y la sequedad. Pero, sin embargo, la “suelta” súbita de las aguas depositadas en la Serpiente del Mundo provoca una gran conmoción: es el Diluvio. Entre los mayas y los indígenas del Ecuador se asocia el Diluvio con la Serpiente Universal: “Cuando fue robada la Gran Serpiente se desplomó el firmamento y se hundió la tierra” (país Maya); provino aquel naufragio [de] que los tres hijos del primer hombre o dios, llamado Pacha, no teniendo con quienes hacer la guerra, la mantuvieron con una gran serpiente: que herida ésta con muchas flechas, se vengó vomi­tando tanta agua que anegó toda la tierra” (Ecuador). También en Australia, en Melanesia, en la India y en Norteamérica hallamos mitos similares. Por ejemplo: “La tribu algonquina de los Lenapés (Delaware) habla de una gran serpiente que odiaba a los hombres, que los expulsó de su patria y que causó una gran inundación”. Y en Nueva Guinea existe un mito en el que se afirma que el Diluvio tuvo lugar porque se molestó una anguila mágica (no es una serpiente, pero tiene una forma serpentiforme y una simbología acuática). Así pues, la Serpiente del Mundo es el depósito de las aguas.

Continúa en... Libro de próxima publicación.

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