Leonardo y el catarismo

(Este artículo constituye un extracto de la obra Leonardo, ese gran desconocido, de próxima publicación.)

En mis obras El viaje secreto de Leonardo da Vinci y Los mensajes ocultos de Leonardo da Vinci postulé que la pintura de Leonardo, en particular, y su vida, en general, no se pueden entender si no tomamos en consideración el contexto histórico y el legado de sus antepasados. Éstos, desde mi punto de vista, serían refugiados cátaros provenientes del Conflent, en la Cataluña francesa (véase el Capítulo 1). Como iremos viendo a lo largo de este libro, todo indica que Leonardo visitó la supuesta tierra de sus ancestros al menos en tres ocasiones a lo largo de su vida. En concreto, en 1481, en 1494 y en 1504. 

Leonardo no es explícito en sus escritos acerca de la naturaleza de su fe; pero sí que presenta indicios, de forma críptica, que parecen traslucir sus creencias más profundas. Leonardo, en sus cuadernos, parece haber expuesto su paso por la tierra de sus antepasados durante su primer viaje (en 1481-1482). En concreto, en el fantástico relato del monte Tauro (Códice Atlántico: 143a, 426b) describe de forma prolija —aunque figurada— este entorno privilegiado del Conflent donde se encuentra Vinçà (antigua Vinciano). Nos habla de un monte altísimo (el monte Tauro, ¿acaso simbolizando el Canigó?) cuya cumbre se pierde en el cielo, siempre rodeado de nubes, y donde sopla la tramontana (este término es mencionado en el texto) 1. ¿Por qué considero que la fábula del monte Tauro alude a Vinçà? Los más de 2.500 metros de desnivel entre esta villa (situada en su falda) y la cima del Canigó convierten a dicho pico en una mole gigantesca que “parece tocar el cielo”. 

Leonardo parece referirse al Canigó cuando afirma: “La base de este monte está poblada con gente muy rica y abunda en manantiales y ríos. Es fértil y rica, especialmente en las partes que dan al sur...”. Si miramos un mapa de Turquía observaremos que al sur del monte Tauro no hay tierra fértil, y sí el mar (y más allá, la isla de Chipre). En cambio, el Canigó está bordeado por dos territorios notablemente planos. Tanto el Rosellón (al norte) como el Ampurdán (al sur) son llanuras muy fértiles y ricas, y su cumbre nevada es un faro —o guía visual— observable desde muy lejos. Por otro lado, el relato del monte Tauro aparece acompañado de unos paisajes que son claramente discernibles como pertenecientes a Montserrat (véase el Capítulo 4). 

Este relato esconde un mensaje oculto. Tal vez tenga relación con el índice, o división del libro, que acompaña la carta al Diodario de Siria 2

1. La predicación persuasiva de la fe. 

2. La repentina inundación hasta su fin. 

3. La destrucción de la ciudad. 

4. La muerte de la gente y su desesperación. 

5. La persecución del predicador y su liberación. 

9. El descubrimiento del profeta. 

10. Su profecía. 

Aquí he destacado los aspectos que, desde mi punto de vista, tienen una lectura de carácter herético, profético o cátaro. Leonardo habla de la predicación de la fe (cátara), de la repentina inundación (de las hordas francas que, durante la Cruzada contra los albigenses, en el siglo XIII, acabaron con dicha fe), de la destrucción del país (occitano), de la muerte y el sacrificio de los creyentes cátaros, de la persecución de los perfectos, etc. Posteriormente menciona la existencia de un profeta (¿de la fe cátara renovada, y de nuevo reprimida?). 

Leonardo habría hecho una trasposición de lugares para hablar de un acontecimiento que tuvo lugar tres siglos antes de sus días (el fin de la herejía cátara, la Cruzada franca y papal contra Occitania), con el fin de “ocultar revelando”; es decir, de preservar su seguridad y al mismo tiempo transmitir un mensaje a los “iniciados” (los que saben). Él mismo lo expresó con una frase muy reveladora: “Habrá grandes vientos por los cuales cosas del Este se convertirán en cosas del Oeste” 3. Las cosas del Este se pueden referir a su alegoría del Diodario de Siria y del monte Tauro; las cosas del Oeste al fin de la religión de sus antepasados: los cátaros. 

El rebrote de la fe (cátara)

En el Capítulo 6 aludí a una alegoría repetidamente empleada por Leonardo en sus obras: el “rebrote” del árbol; en ocasiones (véase más abajo) del árbol cortado 4. ¿Qué pretende expresar esta idea? Tal vez el “renacimiento” de una fe religiosa, el catarismo, por él profesada, que fue extirpada de Italia, Francia y Cataluña en la primera mitad del siglo XIII. Existe una frase célebre, entre los cátaros, que expresa esta idea: “Al cabo de setecientos años reverdezca el laurel”. El laurel alude aquí a la doctrina cátara; y los setecientos años al período necesario –según dicha profecía- para que el catarismo vuelva a echar raíces en Europa. (La representación en la Virgen de las rocas, tanto la de París como la de Londres, de la Ramonda myconi, que es una planta revividora, podría simbolizar esta misma idea. Véase a este respecto el Capítulo 6.) 

Leonardo expondría esta esperanza en uno de sus cuadernos de notas (S.K.M. II), en el que aparece el dibujo de un halcón, con una serpiente (o gusano) en su pico, y un rebrote: “Abbero tagliato che rimette / 30 x 40 = 1200 / ancora spero / falcon / tempo” (un árbol cortado que rebrota / 1200 / todavía tengo esperanza / halcón / tiempo) 5. La idea del “árbol cortado” hace pensar en el “árbol seco” (y luego reverdecido) de la Divina Comedia de Dante. 

Así, en el Canto XXXII del Purgatorio, Dante insta a “vestir al árbol seco y desnudo” con el ornamento de la vida, para conseguir que recupere el verdor y dé fruto: “Y una planta cercaron, despojada de fronda y de hojas, flores y racimos… Sentado en la raíz fecunda que nuevas frondas da…”. El regenerador del “árbol seco” (de la Fe) no es otro que el Águila (el Imperio), al que Leonardo caracteriza como un “halcón” (véase más arriba). Este último es denominado de distinta forma entre los “iniciados”: lebrel, dux o águila por parte de Dante, halcón por Leonardo, y león por Johann Valentin Andreae (el presunto autor de los manifiestos rosacrucianos). El objetivo de Dante, Leonardo y Andreae es el mismo: regenerar la Iglesia y vengar a los verdugos de cátaros y templarios (es decir, Roma y los Capeto de Francia). 

Volviendo a la Alegoría del rebrote del árbol cortado (véase más arriba), desde mi punto de vista la presencia aquí del número 1200 es una prueba indiscutible de su esperanza en el “rebrote” (o renacer) del ideario cátaro, considerado herético en sus días (el catarismo fue perseguido a lo largo del siglo XIII). Como ya sabemos, el rebrote de un árbol es un detalle que aparece en varios de los cuadros y dibujos de Leonardo: en el Baco, en la Magdalena Leggente de Barcelona, y como hemos visto, también en el dibujo conocido como Alegoría de la navegación (véase el Capítulo 4). Ello, cómo no, con la ayuda del “halcón” (el Emperador), que habría de humillar el poder omnímodo de Roma y de los Capeto franceses (la Impura y el Gigante, en términos de Dante, en La Divina Comedia), representados en forma de serpiente o gusano en el pico del halcón. 

La enigmática nota (un árbol cortado que rebrota / 1200 / todavía tengo esperanza / halcón / tiempo) expresa su anhelo por la llegada del halcón que vengue a los mártires del 1200 (los cátaros) y regenere a su Iglesia (simbolizada por el “árbol cortado que rebrota”). Leonardo, como Dante, no era un descreído. Anhelaba una religión regenerada y pura: la doctrina del Amor, que a comienzos del siglo XIII personificaba el movimiento cátaro, exterminado de cuajo por la Impura y el Gigante (a ello alude el símbolo del “árbol cortado”). 

En sus cuadernos de notas podemos hallar varias referencias que nos acercan a sus creencias religiosas. Tanto sus escritos como sus dibujos y pinturas muestran bien a las claras que Leonardo no era tanto un descreído (un ateo) como un hereje, un seguidor de una corriente esotérica y religiosa heterodoxa en sus días. Tenemos varias evidencias palpables en sus escritos, como por ejemplo la siguiente: “Si el Señor –que es la Luz de todas las cosas- me ilumina…” 6. Ello no obstante, expresa su rechazo a la Iglesia oficial en frases como la que sigue: “Fariseos, es decir monjes” 7. De ahí su inclinación por la “iglesia de los santos” (es decir, de los heterodoxos) 8, y su abominación de la Inquisición: “Algunos irán con vestidos blancos y con gestos arrogantes, amenazando a otros, que no les causan ningún daño, con metal y fuego” 9

¿Acaso, repito, el objeto que el halcón lleva en la boca no es equiparable a una serpiente, la impura mencionada por Dante? En su carta al Diodario de Siria (el viaje al monte Tauro), Leonardo escribe: “El descubrimiento del profeta / su profecía”. ¿Era acaso él el profeta? (Véase más arriba.) 

Un detalle críptico en la Virgen de las rocas

Un reciente artículo de La Vanguardia digital me ha puesto en la pista de un detalle hasta el momento desconocido, rescatado por el reputado investigador Silvano Vinceti: http://www.lavanguardia.com/cultura/20170305/42558306024/mensaje-ocultoleonardo-da-vinci-la-virgen-de-las-rocas.html.

Silvano Vinceti alude a la presencia de un perro y una correa en un detalle concreto de La Virgen de las rocas de Leonardo. Allí he encontrado, gracias a la colaboración -una vez más- de David Vilasís (que me ha aportado una imagen de alta resolución de la pintura), el perfil nítido de un gato negro, que, como reconoce Javier Sierra más abajo, podría aludir a la herejía en general, y al catarismo en particular. Ello respaldaría mi teoría sobre la similitud entre la Última Cena de Leonardo y la Santa Cena de Solsona, como veremos en el Capítulo 11.  

Silvano Vinceti, presidente del Comité Nacional para la Valorización del Patrimonio Histórico italiano, en una de sus investigaciones, opina que en La Virgen de las rocas (comenzada en torno al año 1483) Leonardo ha incluido, en un área frondosa, lo que parece un perro, con una correa. ¿Acaso el perro supone, aquí, el concepto de Inquisición? ¿Y la correa la idea de "ligamen con el mundo", equivalente a la cuerdecilla (llamada "camelot") que empleaban los cátaros? Si es así podría haberse inspirado en La Santa Cena de Solsona. 

Mi propio examen a este detalle del cuadro me ha permitido distinguir, no sólo el perro, sino también la sombra y el perfil de un gato 10. Nótese que ello parece estar en consonancia con el mensaje de La Santa Cena de Solsona (véase el Capítulo 11). El perro aludiría a los Domini Cani (los dominicos, la Inquisición), y el gato a los cátaros o herejes 11. 

El periodista español Javier Sierra destaca la presencia del perro y del gato en este retablo, con el sentido que le he dado más arriba, en una programa de radio emitido en la mañana del sábado 11 de marzo del 2017: http://www.javiersierra.com/w/cope-fin-de-semana-el-mensaje-oculto-de-leonardoda-vinci/. Este autor fue el primero en sacar a la luz la más que probable adscripción de Leonardo a la doctrina cátara, en su novela La cena secreta (2004). A esta misma conclusión llegué, por mis propios medios, tres años después (en torno al 2007). 

Desde mi punto de vista. tales criptogramas en La Virgen de las rocas abren interesantes interrogantes acerca de la autoría de Leonardo por lo que se refiere a la obra conocida como Magdalena Leggente de Barcelona, la cual se caracteriza por la abundante presencia de figuras y mensajes ocultos en el pequeño espacio que ocupa (se trata de una pintura sobre cobre de 15 por 12,5 cm). De ello hablaré en su momento (véase el Capítulo 18). 

En la Santa Cena de Solsona (tal vez el modelo en que se inspiró Leonardo para pintar el fresco de La Última Cena en Milán) vemos estos dos animales (perro y gato), situados debajo de la mesa de los comensales (a diferencia de la Virgen de las rocas, en que tales figuras están ocultas de forma premeditada en medio de una vegetación frondosa). Un detalle de la Santa Cena de Solsona llama especialmente la atención. Como he avanzado, debajo de la mesa vemos dos gatos y un perro (véase el Capítulo 11). Desde mi punto de vista, estos animales dejan entrever un mensaje oculto. Aquí me limitaré a señalar que este ardid iconográfico sería una alusión a la persecución a la que sometían los dominicos (domini cani, el perro) a los cátaros (los dos gatos, alusivos a los cattus, o cátaros). El resto de la lectura iconográfica y simbólica del cuadro de Solsona refuerza esta tesis, pero ahora no estoy en disposición de profundizar en este tema. Excepto en un aspecto. 

El gato de la izquierda, en la Santa Cena de Solsona, tiene en su boca lo que parece una cuerda (el de la derecha parece roer una costilla, aunque en la mesa no hay restos de carne). ¿Qué significado puede tener una cuerdecilla en un contexto cátaro? Ramón Hervás, en su obra Historia secreta del Grial (página 278), plantea una hipótesis: “En los procesos de la Inquisición se puso de manifiesto que los puros llevaban colgado al cuello o de la cintura un cordel de cáñamo, el conocido camelot [porque originalmente estaba fabricado con piel de camello], y, pese a que su finalidad jamás quedó clara para los inquisidores, para los fieles, sin embargo, este pedazo de cordel que ‘ataba’ al cátaro era el que impedía que su luminosidad le rebasara y deslumbrara a los demás”. 

En el “Comentario del Padre Nuestro”, documento cátaro fechado en torno al siglo XIV (con origen en Florencia), encontramos el siguiente párrafo: “Se ha de saber que también las visitaciones extranjeras son llamadas cuerdecillas y vínculos, como dice el Salmista: ‘Y me tendieron las cuerdas como un lazo’. Y dice además: ‘Las cuerdas de los pecadores me ataron’... Este mismo Profeta, dando gracias a su Dios porque había roto las cuerdas antedichas, exclama: ‘Señor, tú rompiste mis cadenas; te ofreceré un sacrificio de alabanzas’”. Más adelante añade: “También has de saber que el espíritu es cuerda de la vida, que atrae la vida y la ata... Pero la vida es también cuerdecilla del alma que, ayudada por la visitación, la atrae y la une a sí”. 

¿Podría representar la imagen del gato que roe la cuerda una alusión a estos textos cátaros tardíos (del siglo XIV)? ¿Podría expresar la presencia de la Magdalena en ambos cenáculos (el de Solsona y el de Milán) un sentimiento de rechazo a la Iglesia oficial? Hemos de recordar que en la Santa Cena de Solsona sólo la Magdalena, Juan y Cristo ostentan un halo, con lo cual se indica que éstos son los tres actores principales del drama eucarístico representado en la tabla 12. 

Sea como fuere, el detalle del gato de la Santa Cena de Solsona (que está royendo una cuerdecilla), o bien la iconografía religiosa ciertamente heterodoxa (presencia de la Magdalena; primacía de ésta y de Juan sobre el resto de los apóstoles), da pie a pensar en un contexto influido por el catarismo. Así pues, respondiendo a la pregunta: ¿Qué habría llamado la atención de Leonardo en relación con la Santa Cena de Solsona? Desde mi punto de vista, “su contenido herético”. Tal vez no viera belleza en el Cenáculo de Solsona, pero sí un mensaje que él consideraba verdadero. Un mensaje que a toda costa quería proclamar. Y asi lo hizo en la Última Cena de Milán, así como –de forma críptica- en La Virgen de las rocas. 

1 Leonardo emplea el término “tramontana” en dos ocasiones: en alusión al viento del Norte en el monte Tauro (J.P. Richter, nota 1336) y en sus observaciones sobre el vuelo de los pájaros (Códice Madrid II). 

2 J.P. Richter, nota 1336. 

3 Jean Paul Richter, nota 1293 (profecías). 

4 Véase la figura 40. 

5 Véase la figura 44. J. P. Richter, nota 697. Por otro lado, nótese que estos recursos criptográficos (en este caso, expresar una fecha, el año 1200, como el producto de dos números, 30 y 40) son muy empleados en su obra (véase más adelante). 

6 J.P. Richter, nota 13. 

7 J.P. Richter, nota 1209. 

8 Él los llama los “santos en la Tierra” (J.P. Richter, nota 1358). De ellos dice “Veo a Cristo vendido y crucificado de nuevo, y a sus santos sufriendo martirio” (J.P. Richter, nota 1305). 

9 J.P. Richter, nota 1310. Nótese que el hábito de la Orden de los Dominicos (o Predicadores) es blanco. Los Dominicos eran los monjes inquisidores que perseguían la herejía o la apostasía entre los creyentes católicos de su tiempo. Leonardo habría sufrido la acometida de la Inquisición en dos ocasiones: a resultas del “Cristo niño” pintado en su Adoración de los magos (“Cuando hice un Cristo niño me encarcelásteis; si ahora lo muestro adulto me haréis algo peor”; J.P. Richter, nota 1364), y de la denuncia al Papa cuando estaba en Roma por sus estudios de anatomía (en definitiva, por sus disecciones de cuerpos humanos). J.P. Richter, nota 1353. 

10 Véase la figura 45. 

11 Véase la figura 46. 

12 Véase la figura 47.

 

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