Los negacionistas (de la covid, y del cambio climático)

En mi artículo Los “youtubers” del misterio, del 6 de abril del 2020, he expuesto una tesis que -desde mi punto de vista- a la larga se ha demostrado como cierta. Ciertos “youtubers”, que tienen como objeto de su interés las “materias del misterio” (conspiraciones, ovnis, etc.), en su mayor parte sirven los intereses de una élite de extrema derecha que ellos hacen pasar como “antisistema”, pero que en definitiva está al servicio de la reacción y de oscuros intereses corporativos.

Me guardaré mucho de dar nombres, pero sin duda son bien conocidos entre los adictos a dicha red social. Buena parte de ellos, si no todos, dudan de la realidad de fenómenos como la epidemia de la covid o del cambio climático.

Por lo que se refiere a la covid, éstos consideran que dicha epidemia no es más que una estrategia de control, y abogan por ignorar, por activa y por pasiva, la campaña de vacunación (cada día les es más difícil demostrar su punto de vista, puesto que los países con menor porcentaje de vacunación, o que no practican medidas profilácticas, como usar la mascarilla en público, vuelven a verse sometidos a altas cifras de contagio, y de muertes, como consecuencia de dicha plaga).

Y por lo que respecta al cambio climático, aquéllos niegan la mayor: su propia existencia. Arguyen que si se producen fenómenos de clima extremo, o bien un aumento de la temperatura global, es como consecuencia de ciclos naturales del planeta, y no de la intervención humana. Tales “negacionistas” del cambio climático sostienen que mientras que en unos lugares las temperaturas se incrementan, en otros (hablan de ciertas partes de la Antártida) éstas disminuyen. No tienen en consideración, sin embargo, el incremento en la temperatura media global del planeta (más evidente en unos sitios que en otros), considerando que es producto de ciclos naturales, en los que la huella humana es pequeña o inexistente.

Su “negacionismo” es radical, tanto por lo que se refiere al fenómeno de la covid, como del cambio climático. En el primer caso, consideran que dicha pandemia es una “estrategia de control” por parte del poder, para arrebatar a la estirpe de los “libres” (en la que ellos se encuadran) ciertos derechos inalienables. El hecho de que muera más gente de lo que es estadísticamente razonable lo disfrazan con teorías conspiracionistas, del tipo “la covid no es covid”, sino cualquier otra cosa disfrazada de covid. La covid, desde su punto de vista, no existe. Del mismo modo, el cambio climático es una invención de la “élite”, para provocar no sé qué oscuras consecuencias. No entraré en detalles, para no otorgarles más notoriedad de lo debido.

Por lo que se refiere a la covid, es cierto que detrás de su control entran en juego oscuros intereses comerciales de las farmacéuticas; pero es indudable la eficacia de las vacunas y de los tratamientos farmacológicos en las sociedades donde la vacunación está más generalizada. Otra cosa es cómo conseguir que las grandes plagas y la salud pública entren dentro del ámbito de acción de lo público, y no de lo privado. Pero éste es otro tema, que no altera la -indudable- eficacia de la vacunación para cuanto menos mitigar, o controlar, la pandemia. Una eficacia que se ha de hacer extensiva a todo el planeta, puesto que la salud de todos depende de la generalización de la vacunación a nivel planetario.

La actitud de los negacionistas de la covid es, desde mi punto de vista, un atentado a la salud pública; aunque en una sociedad abierta y no autoritaria no se puede obligar a nadie a actuar en contra de sus convicciones. Si bien, en justa contrapartida, no se puede obligar a la mayoría (los que hacen lo correcto, que en este caso es vacunarse para preservar la salud pública) a “pagar los platos rotos” de los que actúan de forma incívica, en contra del interés público. Una sociedad abierta respeta los derechos -incluso- de aquellos que actúan en contra del interés de la mayoría. Pero eso no significa que dicha “sociedad abierta” deba callar ante la insolidaridad de los que se aprovechan de la vacunación colectiva para conservar “inmaculada” su libertad de elección, por lo que se refiere a su decisión de no vacunarse (por una u otra razón).

En último término, aquellos que no se vacunan son -de forma inconsciente, o no- responsables del perjuicio que puedan producir a los inmunodepresivos que sufren los efectos de la covid, aunque hayan sido vacunados, como consecuencia de la negativa de dicha minoría a vacunarse. Desde este punto de vista, actúan en contra del interés público.

Un fenómeno parecido sucede con los negacionistas del cambio climático. Éstos consideran, sin pruebas, que la evolución al alza de la temperatura media del planeta es consecuencia de fenómenos naturales, y no de la acción hmana. Y no ofrecen evidencias para respaldar esta aserción (y si las dan, son meramente circunstanciales). Justifican su rechazo a cualquier tipo de restricciones a la actividad humana supuestamente contaminante, con datos extraídos fuera de contexto, como -véase más arriba- unas temperaturas antárticas, en determinados puntos, más bajas de lo normal en determinados años. Por cierto, el cambio climático no es un fenómeno que altere exclusivamente los datos de temperatura o de pluviosidad; también tiene efecto en la expansión de enfermedades tropicales o ecuatoriales en latitudes medias, o en la exacerbación de tendencias, por lo que se refiere a la salud pública, a los desastres meteorológicos, a la desertización, o al deshielo del permafrost de las áreas subpolares (que ejercerán de “factor multiplicador” del cambio climático en un futuro no muy lejano).

El cambio climático no perjudica únicamente la salud pública (a través de la expansión de determinadas enfermedades tropicales en las latitudes medias), sino también el acopio de alimentos, en entredicho por su repercusión en la fertilidad de los territorios de latitudes medias o subtropicales. Por no hablar de los efectos sobre la salud pública (generalización de epidemias) y sobre el clima global (exacerbación de catástrofes naturales como consecuencia del calentamiento global).

Ignorar estos datos incuestionables es atentar, no sólo contra el sentido común, sino también contra el bienestar de miles de millones de personas vulnerables. En este sentido los “youtubers” que niegan el cambio climático y los efectos de la covid sobre la salud humana actúan en contra del interés mayoritario de la población. Es discutible que la libertad de expresión pueda dar cobertura a aquellos que se oponen al interés público, al margen de convicciones políticas y/o filosóficas. Cuanto menos, es obligación de las personas sensibilizadas poner al descubierto las trampas argumentales de aquellos que, desde mi punto de vista, tanto mal están haciendo en la gestión de la salud pública de la sociedad (de las personas) y del medio ambiente (del planeta en su conjunto).

No quisiera acabar esta disertación, que de ningún modo pretende ser erudita, sin exponer un ejemplo. Hoy (día 1 de noviembre del 2021) he visitado un arboretum situado en la localidad de Espinelves, en el macizo conocido como las Guilleries, en las proximidades del macizo del Montseny. En esta boscosa región, dicho enclave recopila un elenco de árboles monumentales plantados a comienzos del siglo XX por el eminente naturalista Marià Masferrer Rierola. 

 

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Espinelves

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Arboretum Masjoan (Espinelves)

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Abeto blanco (45 metros de altura). Período de existencia, de 1911 al 2021

 

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Lo que queda del abeto blanco de Masjoan (que fuera el más alto de Cataluña)

He tenido la ocasión de hablar con el responsable del lugar, y me ha explicado que, en los últimos dos años, 3 de los 29 grandes árboles monumentales (los más altos de Cataluña) situados en dicho arboretum han dejado de exitir: ¡3 entre 29! ¡Y en sólo dos años! Ha de tenerse en cuenta que dichos ejemplares suelen tener una vida promedio superior al medio milenio. Para hallar la razón de dicho desastre hemos de contemplar el corte de este cedro monumental, situado en la periferia del Arboretum Masjoan.

 

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Corte de un cedro monumental, en las proximidades del Arboretum Masjoan

Como se puede observar, en los últimos años los anillos de dicho árbol, caído recientemente, han experimentado una súbita compresión, que según el responsable del Arboretum Masjoan, con el que he tenido ocasión de conversar, es consecuencia del cambio climático: subida de las temperaturas y escasez de las precipitaciones. Ello explica el hecho de que demasiados árboles de dicho enclave se estén secando y acaben por morir, a un ritmo más que preocupante. 

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Como consecuencia del cambio climático, numerosos árboles monumentales están muriendo

La situación de numerosos ejemplares de árboles monumentales, que sucumben ante la sequedad, la subida de las temperaturas, y -preciso es decirlo- del bombeo excesivo de las embotelladoras de agua de la zona (numerosas en el área de Viladrau y de Sant Hilari Sacalm), es desesperada, hasta el punto de que en escasamente un año más de un diez por ciento de los ejemplares de dicho arboretum han sucumbido.

Insisto, buena parte del problema recae en la sobreexplotación de las aguas freáticas por parte de las embotelladoras de agua mineral; pero -como indican los anillos de crecimiento del cedro monumental anteriormente expuesto- la mayor parte de la responsabilidad de la muerte de dichos árboles monumentales, los más altos de Cataluña, recae en el cambio climático. Éste es un hecho innegable.

Quien trate de obviar este hecho evidente es, no sólo un irresponsable, sino también un mentiroso. Y cabe preguntarse si estos charlatanes, los negacionistas de la covid y del cambio climático, no deberían asumir -de una vez por todas- su responsabilidad ante la situación en la que nos encontramos: emergencia sanitaria y climática. ¿Silenciarlos? En una sociedad abierta y democrática, en absoluto. ¿Desprestigiarlos? No es necesario; se desprestigian por sí solos. ¿Combatirlos con argumentos, pero sin contemplaciones? Absolutamente. Ésta es una tarea colectiva que atañe a toda persona que se sienta responsable ante la sociedad y ante su tiempo.

 

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